En días pasados, desde la ciudad de Arequipa, la ex ministra de salud Pilar Mazertti, actualmente a cargo del Comando COVID-19, refería, con relación a la pandemia del corona virus: “…esta es una guerra y es una guerra atípica por que cada uno … es un soldado y es el enemigo. Somos el enemigo porque tenemos la capacidad de pasarle el virus a las personas que están cerca y somos los soldados porque también tenemos la capacidad de no pasar el virus…”
El frente de batalla
Enfáticamente recalcó, con voz de mujer enérgica y reconocida autoridad que las cosas han cambiado, que la inmadurez social y política -refiriéndose lógicamente a gobernantes, políticos población en general- nos la tenemos que guardar en el bolsillo, que este es un momento de crecer y no de quejarnos. El objetivo es salir de “esta guerra” con la menor cantidad posible de peruanos fallecidos, como de personas dañadas por las secuelas de este funesto virus.
En el frente de batalla, en lo que se ha definido como Primera Fila, se encuentran los Soldados de las Fuerzas Armadas de la Salud; es decir, el conjunto de profesionales de la salud, directamente vinculados a la atención de los infectados. Como sabemos, el sector salud no ha estado preparado para acometer esta guerra. Las instituciones prestadoras de salud, en el país, no cuentan con la infraestructura y los equipamientos necesarios. Las compras de insumos y pruebas, no se hicieron oportunamente, por problemas logísticos y estos están retenidos en el extranjero o ya no hay oferta disponible ante la gran demanda mundial. Esta difícil situación evidencia en insuficiencias de implementos indispensables de bioseguridad para el personal médico y asistencial quienes ponen el pecho directamente con la personas afectadas, siendo potencialmente susceptibles de adquirir el virus. Más de un centenar y medio de médicos están contagiados.
La Policía, Fuerzas Armas y población organizada
Por otro lado, para contrarrestar el Covid 19, el Supremo Gobierno decretó desde el pasado 16 de marzo el Aislamiento Social, el toque de queda y otras medidas restrictivas de inamovilidad, a fin de que la población permanezca en sus domicilios y no se produzcan contagios y muertes masivas como en otros países.
Corresponde a miembros de la Policía Nacional, las Fuerzas Armadas y también sus reservistas, controlar se cumplan estas medidas; para cuyo fin, en muchas partes del interior del país, de manera voluntaria, se han sumado las juntas vecinales, rondas urbanas y campesinas, en tanto la realidad muestra una terca inobservacia de las normas restrictivas por crecientes sectores poblacionales, desafiantes a desacatar tales medidas, por la compulsión de compras en los mercados, poniendo en riesgo la salud de la sociedad en su conjunto. En nuestro país, hasta el último fin de semana estamos ya bordeando los siete mil contagiados, y más de ciento ochenta (180) fallecidos. Día a día, noche a noche, los valerosos custodios del orden, que también son hijos, padres, hermanos y miembros de familia, exponen su integridad física y vida, en la dura tarea de reprimir la rebeldía de inconscientes e irresponsables personas que incumplen deliberadamente, y a veces con violencia, las restricciones establecidas.
Los ángeles caídos
Producto de esta pandemia en el Perú, los Soldados de las Fuerzas Armadas de la Salud y sus custodios, tienen ya sus primeros mártires y héroes. Estas víctimas, son un profesional médico, cuatro policías, y un soldado del ejército atropellado por un irresponsable conductor; y muchos de sus miembros infectados, algunos en cuidados intensivos. Más de doscientos policías están contagiados y decenas en cuidados intensivos.
Es esta guerra atípica, contra enemigos invisibles, de la que se desconocen reglas convencionales de batalla, donde los propios compañeros combatientes, pueden convertirse en un instante en letales y fratricidas enemigos silenciosos, capaces de matar en masa, en tanto su agigantado crecimiento de contagio. Es necesario e imprescindible, entonces, gritar a la conciencia ciudadana para cumplir, sin excusa alguna, con el aislamiento social y las medidas restrictivas, como única salida a esta mortífera guerra cuyo éxito dependerá únicamente del acuartelamiento en nuestras viviendas.
Roguemos a Dios tenga en su regazo Divino a nuestros mártires y héroes de la lucha contra esta letal pandemia.
- Hugo REYNA GOICOCHEA
- Diario Correo



