La inscripción de 12 agrupaciones políticas no es solo un dato estadístico; es el síntoma de una crisis de institucionalidad. Cuando la oferta electoral se desborda de esta manera, el elector promedio se enfrenta a la “paradoja de la elección”: a mayor cantidad de opciones, mayor confusión y menor capacidad para distinguir propuestas técnicas reales.
Esta saturación histórica —la más alta en los últimos periodos electorales— no responde necesariamente a una vitalidad democrática, sino a una ambición atomizada donde los partidos han dejado de ser escuelas de pensamiento para convertirse en vehículos de alquiler o proyectos personalistas.
La consecuencia más inmediata y nociva de tener 12 candidatos en carrera es la degradación del debate. En una contienda tan saturada, los candidatos saben que los espacios en medios y el tiempo de atención del ciudadano son limitados. Ante la imposibilidad de que 12 planes de gobierno sean digeridos por la población, la estrategia suele mutar hacia el populismo punitivo y el ataque ad hominem.
En política existe una máxima: “Cuando no puedes sobresalir por tus ideas, debes hundir las del resto”. En Jaén, es altamente probable que veamos:
Guerra sucia en redes sociales: El uso de “trolls” y campañas de desprestigio para anular a los contendientes que lideran las encuestas.
Debates estériles: Con 12 personas en un estrado, el tiempo para exponer soluciones sobre el agua potable, la inseguridad o el ordenamiento vial se reduce a frases hechas (clichés) de 30 segundos, priorizando el insulto que genera “clic” por encima del presupuesto que genera desarrollo.
Polarización distractora: Se discutirá más sobre los antecedentes o la vida privada de figuras como Cleyver Aguilar, Rony Lavan o Mario Crespo, que sobre la viabilidad técnica de la modernización de los mercados o la infraestructura vial.
El mayor peligro de esta fragmentación es el resultado final. Con 12 candidatos, el ganador podría alzarse con la victoria obteniendo apenas un 15% o 18% de los votos válidos. Esto significa que más del 80% de la población de Jaén no habrá votado por quien los gobierne.
Un alcalde elegido con tan poco respaldo nace “herido” de muerte política, sin capital social para implementar reformas profundas y a merced de una oposición que, desde el primer día, usará la fragmentación del concejo municipal para bloquear gestiones.
Jaén es el eje económico del nororiente, pero su madurez política parece no avanzar al ritmo de sus exportaciones de café. Si los 12 candidatos no elevan el nivel y si la ciudadanía no exige planes concretos por encima de las pullas, el 4 de octubre no será el inicio de una nueva etapa de desarrollo, sino el comienzo de cuatro años de inestabilidad y promesas recicladas.
En una mesa con 12 comensales gritando, nadie logra escuchar la receta. Es hora de que Jaén exija silencio para escuchar ideas, no ruido para alimentar el conflicto.




