Consejo Departamental Cajamarca

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Cultura y manifestaciones de la informalidad

Se puede concebir a la cultura, como el conjunto de conocimientos, ideas, tradiciones y costumbres que caracterizan a un pueblo, a una clase social, a una época, entre otros aspectos. En sentido simple y común la podemos comprender como “…lo comúnmente aprendido”; es decir, manifestaciones consideradas buenas o malas, según sea la sociedad, pueblo o nación a la que hagamos referencia. Nuestro país es multinacional, por ende pluricultural, cuyo supuesto desarrollo, desde los inicios de la república, ha generado fuertes desequilibrios y desigualdades intra e interregionales.
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Instituto Peruano de Economía 

Los aportes de investigaciones sociológicas, antropológicas y de psicología social, nos refieren básicamente que los movimientos migratorios (campo – ciudad) han ido generando características de informalidad de convivencia en las aglomeraciones urbanas, con serias manifestaciones de conductas sociales agresivas que han ido colisionando con el estatus quo tradicional, por la marginalidad de vida grandes sectores  de migrantes que las actividades urbano industriales y de servicios, no pudieron absorber. Los centros urbanos emergentes de mitad del siglo pasado, de convivencia tranquila y paz social, de especial atracción migrante provinciana, dado la vorágine de la vida citadina, con altas concentraciones poblacionales, ante las carencias de equipamiento urbano, congestionamiento vehicular, contaminación ambiental, desempleo y subempleo, déficit de vivienda; han propiciado sostenidos actos delincuenciales -crimen común y organizado- narcotráfico y extorsiones; dando paso a un creciente fenómeno de inseguridad ciudadana. Los actos de corrupción en los poderes del Estado, los sonados casos de coimas e impunidad; en términos generales, han dado paso a lo que podríamos señalar como “cultura de la informalidad”,  abarcando prácticamente todos los aspectos de las esferas de la vida social, económica y también política; percibiéndose sus manifestaciones ilegítimas, como prácticas normales, que ya a nadie escandaliza y se las observan como rutinarias.Lo urbano y las conductas sociales

Informalidad económica

El estado de emergencia sanitaria en el mundo y especialmente en nuestro país que ha originado el “aislamiento social” y restricciones para la movilización de la población, ha determinado un impacto extraordinariamente negativo, una colosal crisis economía nacional que afecta significativamente los ingresos de millones de familias, sustentados en actividades mayormente de  subempleo y subsistencia. De un aproximado de 1 millón 700 mil empresas, cerca del 96% en están en condición de micro, y en su gran mayoría informales. Un gran sector de la población rural también son pequeños productores minifundistas, con economías de subsistencia.

En los centros urbanos, especialmente de la costa y en Lima básicamente, esta informalidad se expresa en que se han ido generando actividades económicas de sobrevivencia, como el comercio ambulatorio y las pequeñas empresas familiares de  producción de bienes y servicios. Paradójicamente somos un país donde las tasas de desempleo y subempleo son significativas;, frente a los resultados macroeconómicos favorables, cuyos beneficios no han llegado a las grandes mayorías, hoy fuertemente afectados por la paralización económica, que ha determinado un grave problema de desplazados que pugnan por retornar a sus lugares de origen al haber perdido sus empleos o no poder ejercer sus actividades informales.

Violencia e inseguridad

La informalidad constituye uno de los principales factores que coadyuva al surgimiento de otras manifestaciones negativas como la violencia delincuencial y doméstica, crímenes y asesinatos, con mayor presencia en las grandes ciudades de la costa y determinadas capitales de departamento y de dinámicas provincias, agravado por la presencia, en los últimos tiempos de bandas criminales de migrantes internacionales. Lastimosamente, en muchos de los casos las autoridades formales, por incapacidad se muestran pasivos e indiferentes, dejando prácticamente de cumplir su rol también al asumir posturas informales de incumplimiento funcional. Ante esta ausencia de la autoridad formal al interior del país son las organizaciones sociales, como las rondas campesinas y urbanas, las que se han visto obligadas a actuar, en algunos casos con eficacia, pero en otros, con excesos sumamente criticables.

En el análisis de esta problemática, el debate es casi siempre en torno a factores como la debilidad de la educación,  los insuficientes recursos y presencia del Estado, las inconductas informales de quienes manejan las entidades estatales, las coimas y corrupción en todos los niveles de gobierno. La inobservancia de los aspectos formales y las elementales reglas éticas y morales de quienes nos gobiernan,  así como la poca práctica en el marco de valores de grandes sectores de la población en las esferas económicas y sociales,  en su conjunto, vienen delineando una “cultura de la informalidad” o lo que se llamó en algún momento“la cultura combi” que todo infracciona y que todo lo transgrede. Esta cultura informal viene mostrando su real dimensión en la actual coyuntura de la Pandemia del Corona Virus, en la cual las medidas de aislamiento social e inamovilidad de la población son burladas constantemente por importantes sectores de la población, sin tener conciencia de los efectos negativos que ello conlleva, justamente por la fuerza irracional de imposición de una “Cultura informal”, por la ausencia de efectivas sanciones y, en muchos casos, pasible de impunidad.

  • Instituto Peruano de Economía 
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