El Bicentenario de la Independencia Nacional
Paradójicamente, el pasado 9 de diciembre, decretado como feriado no laborable por ley N° 31381, promulgada por el expresidente Pedro Castillo Terrones, en conmemoración de la “Batalla de Ayacucho” -1824- que consolidó la independencia de América, en el marco del Bicentenario de la Independencia del Perú 1821-2021, nos encuentra sumidos en una de las más sensibles crisis políticas, producto de sonados casos de corrupción que involucran a personajes importantes de los poderes del Estado, en constante conflicto y enfrentamiento; empresarios nacionales e internacionales, autoridades y funcionarios de entidades de los tres niveles de gobierno y también miembros de las Fuerzas Armadas y Policiales; es decir, una situación de crisis generalizada.
La permanente inestabilidad política
Este espectro, no es sino producto de la inestabilidad política, característica básica de nuestro país en los doscientos años de vida republicana, sin poder consolidar un sistema democrático representativo, pluralista y sostenible; caracterizándose, mayormente por la ausencia de verdaderos partidos políticos, por los graves problemas de gobierno y los sonados casos de corrupción que han determinado escasos periodos de estabilidad.
El inicio de la vida republicana estuvo marcada por el caudillismo militar y sus pugnas por el control del poder político, la defensa de los intereses de latifundistas, terratenientes y aristócratas decadentes; así como de los intereses del poder oligárquico en las primeras décadas del siglo XX y posteriormente de los grupos de poder ligados a la minería, el comercio, las finanzas, medios de comunicación social, entre otros, ligados a los intereses del capital extranjero, que ha dado lugar, en las últimas décadas, al establecimientos de políticas neoliberales que favorecen a ciertas élites de poder económico, con desmedro de políticas sociales que favorezcan a los grupos sociales más necesitados.
Miguel Iglesias y la infausta Guerra del Pacífico
La infausta Guerra del Pacífico con el vecino país de Chile, significó para nuestro país, la generación de agudas crisis, en los diversos ámbitos que, finalmente, determinó la pérdida de una significativa parte del territorio nacional.
El primer presidente cajamarquino fue don Miguel Iglesias Pino (1830-1909). En 1881, desempeñando el cargo de Ministro de Guerra realizó la defensa de Lima en el Morro Solar, siendo derrotado y hecho prisionero.
Según información histórica, asumió el mando de los departamentos del norte; estableciendo su gobierno en Trujillo, en julio de 1882. El 31 de agosto de 1882, emitió el “Grito de Montán”, solicitando una rendición honrosa y exigiendo la paz, proponiendo el fin a la guerra y así evitar mayor derramamiento de sangre; no obstante, cediendo los territorios de Tacna, Arica y Tarapacá con el tratado de Ancón. Se autoproclamó Jefe Supremo, autorizando se inicien las negociaciones de paz. Esta acción, para varios historiadores, se considera como entreguista y traición a los intereses nacionales.
Fue elegido presidente provisional de la República, en 1884, por la Asamblea Constituyente. Fuertemente criticado por civilistas, liberales y demócratas por su permisibilidad por la firma de la paz ante el invasor chileno, y debido a la gran crisis económica; así como la sublevación y renuencia de Andrés Avelino Cáceres, “El Brujo de los Andes”, obligaron a su renuncia en diciembre de 1885, exiliándose en España.
General Zenón Noriega Agüero
Natural del distrito de Jesús, de la provincia de Cajamarca. En 1948 se da el Golpe Militar del General Manuel A. Odría, quien juró como Presidente de la Junta Militar de Gobierno, defenestrando de su cargo al presidente Bustamante y Rivero. El General de Brigada Zenón Noriega jugó un rol determinante en este acto ya que, en su condición de jefe de la Guarnición de Lima, decidió sumarse a la acción golpista determinando el triunfo de la llamada “Revolución Restauradora”, asumiendo interinamente la presidencia de la Junta Militar de Gobierno (29 de octubre de 1948). Poco después, Odría llegó a Lima y asumió la presidencia de dicha Junta (31 de octubre de 1948) pasando a ocupar el cargo de Ministro de Guerra y Primer Vicepresidente de la República.
El General Odría renunció al cargo para postular en las elecciones presidenciales de 1950; siendo reemplazado interinamente como presidente de la Junta Militar de Gobierno por el General Noriega del 01 de junio a 28 de julio de ese mismo año, ejerciendo aproximadamente dos meses la presidencia del Perú.
En 1953, fue ascendido a General de División. En la pugna del poder que involucró a importantes personajes militares, políticos y agroexportadores de las grandes haciendas de la costa, fue acusado de deslealtad a Odría, siendo sindicado de organizar una conspiración para deponer su gobierno. Fue destituido y enviado al destierro en 1954.
El profesor Pedro Castillo Terrones
Natural del caserío de Puña, del distrito de Tacabamba, provincia de Chota, departamento de Cajamarca. De dirigente sindical del magisterio, cuyo protagonismo se dio en la huelga sindical de los docentes en el 2017, pasó a ser candidato del partido político Perú Libre para las elecciones presidenciales del 2021, donde sorpresivamente logró pasar a la segunda vuelta electoral con su contendora Keiko Fujimori Iguchi a quién venció en ajustada votación, por escaso margen.
Desde su inminente crecimiento en las preferencias electorales, ataviado con “sombrero chotano” que singularizaba su figura y símbolo del “lapicito”, fue blanco de exacerbadas críticas y ataques de parte de sus oponentes, tildándolo de ultraizquierdista, terrorista y con relación directa con los movimientos subversivos que buscan acabar con el sistema democrático. Las campañas mediáticas, prácticamente, a través de los grandes medios monopólicos de comunicación social interesados, fueron demoledoras contra su candidatura, tratando de sembrar el pánico en los electores, proyectando acciones de nacionalización de las principales empresas que explotan nuestros recursos naturales; así como inminentes medidas coercitivas de expropiación de la propiedad privada, polarizando a la sociedad peruana a través de sicosociales de terror.
Fraude electoral
Conocidos los resultados, nuevamente se enfilaron las baterías, por parte de los partidos, agrupaciones políticas y desgastados líderes y lideresas adversos, para la denuncia de fraude electoral y no reconocimiento de los resultados en las urnas; pese a los informes, descartando estas irregularidades, por parte de los organismos nacionales y los veedores internacionales.
Un efímero gobierno
Instaurado su gobierno, el 28 de julio de 2021, la oposición congresal, especialmente los grupos ultra conservadores, continuaron con una permanente campaña de oposición, censuras a sus ministros y tres mociones de vacancia; jugando un rol determinante un gran sector de medios de comunicación capitalinos, frente a medidas de limitar la publicidad estatal, una de las principales fuentes de recursos financieros que usualmente benefician a los grandes medios, que también juegan su partido en esta situación de desestabilización política del país.
Indudablemente que, la inexperiencia del novato gobernante, su incapacidad en la gestión pública; así como las presiones partidarias de su propio entorno que lo llevó a la presidencia, además de la falta de tino para el nombramiento de titulares de las carteras ministeriales y presidentes del Consejo de Ministros, muchos de ellos y ellas con serios cuestionamientos, por actos de corrupción e incapacidad técnica, fueron factores negativos de su gobierno, hábilmente aprovechados por la oposición.
Por otro lado, las permanentes denuncias de corrupción, tráfico de influencias, coimas y sobornos de familiares directos y la apertura de una sinnúmero de carpetas de denuncias fiscales, que nunca pudo asumir directamente para esclarecerlas dando la cara; así como la oposición sin tregua de un importante sector de congresistas, determinaron, entre otros factores, una magistral inocentada de una fallida intentona golpista y su vacancia por incapacidad moral.
A manera de conclusión
El hecho de contar, en la historia patria, con tres presidentes cajamarquinos, por los acontecimientos narrados, indudablemente, no es motivo de orgullo alguno; dos de ellos militares que accedieron en asonadas golpistas y el otro, por voluntad popular, pero con un gobierno infausto, singularizado por la improvisación y actos de corrupción.
Los hechos actuales, son materia diaria de noticia, y la suerte de Castillo, se echará en los próximos meses, según avancen las investigaciones, quedando como una muestra de nuestra endeble democracia, en el marco de una de las crisis políticas más agudas de las últimas décadas, que viene generando asimismo un fuerte rechazo al Congreso, exigiendo adelanto de elecciones generales. Hoy más que nunca, es puesto en vigencia el conocido dicho: “A rey muerto, reyna puesta” y a seguir acomodándose.
- Hugo REYNA GOICOCHEA
- Carátula suplemento dominical del Nuevo Diario 11.12.22



