La guerra entre laboratorios desacreditándose unos a otros fue descomunal, los medios de comunicación se alinearon con el poder y contribuyeron a consolidar formas de comportamiento que, finalmente condujo a la ciudadanía a la incertidumbre, al desconcierto, a la angustia y el miedo. El impacto, según los especialistas en crisis sanitarias, no solo afecta al aspecto somático, sino también al emocional. Aunque también señalan que genera sentido de responsabilidad y de interdependencia social.
La industria farmacológica es una de las más turbias en su accionar, seducen a científicos y personal médico para asegurar la venta de sus productos, el médico y biólogo Peter Gotzsche en su libro “Medicamentos mortales y crimen organizado” manifiesta que en la medicina impera la corrupción, varios ministros de salud de distintos países del mundo están coludidos con laboratorios y miles de médicos de todo el planeta figuran en las nóminas de pago. de empresas dedicadas a la producción de medicinas. Agrega además que más de 200 mil personas mueren en los estados unidos por el uso exagerado de medicamentos. Concluye que la industria farmacéutica actúa como una verdadera organización mafiosa. Estos problemas también se trasladan al combate contra el coronavirus, los “expertos” se dedican a desacreditarse entre ellos y a satanizar productos medicinales, que en algunos casos, por los bajos costos, podrían combatir con eficacia la pandemia. Mientras tanto, el virus sigue extendiéndose velozmente en el planeta causando ansiedad y angustia. La incertidumbre que generan las organizaciones de salud, debido los cambios continuos de sus protocolos y el interés de la industria farmacológica para vender sus productos, generan desconcierto y dudas y una gran carga de estrés en la ciudadanía, afectando el estado emocional de cada individuo. Durante la pandemia aparecieron también miles de “especialistas” cada uno más experto que el otro en tema de coronavirus, recomendando cada cual, sustancias milagrosas que curaban la enfermedad. Confusión que finalmente arrastra angustia y desesperación.
Toda la población sabe que el problema no sólo es sanitario, sino también económico, la mayoría de países sufre la peor crisis de su historia, están devastados. La pérdida de empleos en el mundo es alarmante y las condiciones de vida serán paupérrimas. Los niveles de pobreza crecerán y se incrementarán los conflictos sociales y la delincuencia.
En plena crisis, los medios de comunicación social los medios de comunicación social pretender persuadir que el virus es “democrático” que afecta a todos por igual. Esto no es cierto, toda enfermedad o pandemia afecta más a los pobres, a los desvalidos a los marginados, a los que no tienen para comprar una medicina o un balón de oxígeno, a los que sufren hambre y viven hacinados en habitaciones precarias sin agua ni desagüe. La desigualdad social y económica no permite una atención justa.
Pero como somos hombres de fe y esperanza, pensamos que esto se va a resolver, que pronto pasará y que la vida será mejor con la inversión privada y la aplicación de las mismas políticas económicas que los gobiernos imponen. Que no nos seduzcan las medidas populistas, que sigamos votando por los mismos pillos de siempre. En nuestras manos está cambiar la realidad, hay que saber votar en el 2021. No nos equivoquemos otra vez, políticos nuevos o ideas de transformación y de cambio necesita el país. Repito esta frase: “juntos sí podemos”
- Iván LEÓN CASTRO
- Andina



