La creciente ausencia de solidaridad
Es evidente, que en la sociedad contemporánea, signada, entre otras características por un carácter compulsivo al consumismo, al hedonismo e individualismo y la hiperconectividad en un mundo cada vez más virtual, se vienen perdiendo la práctica de los valores universales, especialmente de lo que significa la solidaridad humana, esencia de nuestro género; así como de las acciones identificativas de la colaboración social, especialmente en las sociedades urbanas, ante las carencias de arraigos e identificación cultural, de grandes sectores sociales que viven el día a día en condiciones de sobrevivencia e inequidades muy significativas.
En estas cortas reflexiones no es mi intención esbozar, a través de este sencillo artículo, explicaciones con rigor académico, sino simplemente, la descripción de las actitudes y conductas que muestran sectores de la población, así como de los comportamientos individuales en las circunstancias actuales de la crisis de la salud pública. Grupos e individuos propagan por las denominadas redes sociales, en el campo virtual, mensajes con contenidos propios de reacciones de personas y grupos totalmente caracterizados por posturas egoístas, disconformes con todos, para quienes nada es bueno, todo es criticable y negativo, aún a costa de insultos, uso de lenguaje soez y con ánimos de proferir daño, a través de diatribas o difamaciones, con carácter tendencioso, frente a los intentos de otros sectores de la sociedad civil que pugnan por desarrollar acciones solidarias de apoyo y atención material para las personas afectadas.
La lapidación de los contagiados
A inicios de los efectos dañinos a la salud pública en el mundo y particularmente en nuestro país y departamento -mediados de marzo del año en curso- respecto de la presencia de la pandemia del Coronavirus, se desataron a través de los medios de comunicación social, en varios casos, acciones de desinformación respecto de los contagiados y muertos; señalándolos como estigmas de “leprosos o sidosos del siglo XXI”, generándose toda una serie de prejuicios, sin basamento alguno, presionando para su marginación y lapidación, argumentando deberían aislarse, fin de no continuar siendo los factores de contagios a la población; indudablemente, desde una posición totalmente irracional.
En nuestro medio, se llegó a tal punto, de establecerse cercos ante las viviendas de los infectados, marginación de familiares y allegados, campañas por las redes sociales, recomendando inhibirse de circular por los sectores donde se habían producido contagios; así como también soliviantando la oposición vecinal a las inhumaciones de los cadáveres en el cementerio general, situación similar a la producida en otros puntos del país. Las cosas se caldearon al extremo de que piquetes de moradores se opusieron al entierro de personas en el Cementerio General de la ciudad, aún pese a las explicaciones y el cumplimiento de los protocolos sanitarios de inhumación de cadáveres establecidos por el MINSA.
Algo similar ocurrió con las personas que, por diversas razones, se encontraban varadas en otras localidades distintas a su residencia habitual, que retornaron a través de viajes humanitarios. Pese a su condición de personas consideradas en grupo de riesgo, embarazadas, niños y discapacitados, entre otros, quienes deberían guardar cuarentena en establecimientos de hospedaje y locales públicos, fueron objeto de discriminación y resistencia a su alojamiento, por grupos de vecinos totalmente desinformados y con prejuicios sin fundamento alguno; habiéndose necesitado el apoyo de la fuerza pública para vencer la oposición cerrada de sus instigadores.
La especulación con el oxígeno
Pese a que con rimbombantes declaraciones a los medios de comunicación social, hace semanas atrás, se daba cuenta que en Cajamarca contábamos con una planta procesadora de oxígeno medicinal “capaz de abastecer a todo el norte del país”, tales afirmaciones no fueron sino puras falacias. La realidad, nos mostró una situación totalmente diferente, existiendo desabastecimiento de este vital producto, en las circunstancias presentes; tal como sucede en el ámbito nacional. Luego del levantamiento de la cuarentena a partir de julio, los casos de contagio y muertes se complicaron en las ciudades de Cajamarca, Jaén y San Ignacio. En estas localidades venimos sufriendo de una crítica y lamentable falta de oxígeno y déficit de botellas o balones para su embazado, situación que ha originado especulación en sus precios, frente a la gran demanda que se puede percibir en las largas colas en los sitios de expendio o el incremento de venta clandestina por inescrupulosos mercaderes de la noche, dada la clamorosa necesidad de asistir a los pacientes con este producto medicinal. Tal situación se evidencia en el alto costo de un balón de 10 m3 que excede los S/ 5 000.00; así como el incremento del precio de un 1 m3 que pasó de S/ 12.00 a más de S/ 20.00, que por necesidad muchas familias tienen que endeudarse para adquirirlos; mientras que los escrupulosos comerciantes lucran con la salud y el dolor del pueblo.
Varias instituciones y organizaciones sociales, han optado por la compra de sus propios balones de oxígeno, no obstante, solo para sus integrantes, lo cual podría justificarse por su alto costo y necesidad imperiosa de aquellos pacientes no hospitalizados; sin embargo, no se justifica las falencias del sector salud, por la falta de previsión y ante el abandono de sus autoridades del nivel nacional, como se ha reconocido ampliamente.
Cajamarca respira
El haber concluido la cuarentena generalizada en el país y haberse autorizado por fases el reinicio de las actividades económicas, el transporte interprovincial de pasajeros, la situación ha ido complicándose en el país y de manera particular en Cajamarca, con el incremento significativo de casos positivos y el deceso de decenas de personas diariamente, que obligó al gobierno nacional a incluirnos dentro de cuarentena focalizada. Esta delicada situación ha puesto de relieve las grandes limitaciones del sector salud para afrontar la pandemia, siendo uno de los aspectos más deficitarios la carencia de oxígeno medicinal; obligando a las autoridades locales y organizaciones de la sociedad civil y empresas con responsabilidad social, a manera de emergencia, a buscar los fondos económicos necesarios, a través de colectas públicas, para implementar e instalar plantas de oxígeno en sus respectivas provincias, a través de colectas públicas.
En nuestra ciudad capital se ha constituido el Colectivo “Cajamarca Respira”, para conseguir contar con una Planta Móvil de producción de Oxígeno, de apoyo a pacientes que están haciendo cuarentena en sus domicilios; no obstante, muchos desadaptados y antisociales, critican este tipo de acciones, mostrando su disconformidad absoluta y falta de solidaridad humana, aduciendo que son recursos provenientes de empresas mineras, que la iglesia no es de confiar en las colectas y que habrán malos manejos de lo recaudado. Muestran su lado totalmente negativo, egoísta e insensible ante la tragedia social que estamos viviendo. Lo triste es que critican, pero no aportan, comportándose, como se estila decir en el lenguaje coloquial como: “El perro del hortelano, que no come, ni deja comer”. Felizmente, constituyen los pocos. ¡Unámonos solidariamente a la campaña Cajamarca Respira”. “Hoy por tí, mañana por mí”.
- Hugo REYNA GOICOCHEA



