Consejo Departamental Cajamarca

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MIGUEL ANGEL DIAZ DAVILA O LA TRASCENDENCIA DEL HOMBRE Y SU ARTE

Escribe: Elmer Jorge ALIAGA APAESTEGUI
El pasado 29 de mayo, falleció luego de una larga enfermedad, Miguel Angel Díaz Dávila,  uno de nuestros mas importantes artistas de reconocida trayectoria nacional e internacional , pintor y muralista hijo ilustre de la provincia de Celendín, departamento de Cajamarca.
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El Nuevo Líder, una voz para todos

Nota de redacción.

Justamente en su homenaje, nuestro paisano celendino, el Dr. Elmer Jorge ALIAGA APAESTEGUI, egresado de la Universidad Nacional de Cajamarca y actual docente de la Universidad Nacional de Huamanga, reedita un articulo en su honor, en memoria de su trascendente obra.

Celendín, pueblo gestado por una comunidad de españoles y mestizos en 1793,  un lunarcito del paisaje andino pleno de sol, olor a sementeras y eucaliptos, de gente sencilla y emprendedora, de historias agitadas y de caminantes en busca de futuros buenos, vio nacer a Miguel Ángel Díaz Dávila el 17 de abril de 1942.

Disfrutando el calor de una familia de pintores y músicos, Miguel estudio la Primaria en la escuela 85; la secundaria, en el colegio Javier Prado donde compartía con él no sólo la misma carpeta sino muchas inquietudes y esperanzas. Para entonces Miguel ya dibujaba, tocaba la trompeta, la guitarra y el singular acordeón cromático. Titulado como profesor en el Instituto Regional de Celendín, de cuya época guarda inéditos algunos poemas conceptuosos y románticos recuerdos de su esposa. Entre 1976 a 1993 ejerció la docencia en la escuela 1527 de Florencia de Mora, en la ESEP Militar Mariscal Ramón Castilla y en la Escuela de Bellas Artes Macedonio de la Torre de Trujillo. Su experiencia de vida trujillana le permitió asimilar elementos de peruanidad costeña. La obra artística más significativa, sin perder su lealtad e identificación telúrica serrana, corresponde a Miguel adulto profesional y de residencia trujillana.

Las vidas auténticamente agitadas van dejando huellas de su quehacer a partir de una clara conciencia de sí mismo. En lo social, Miguel sí ha asumido un comportamiento sencillo y sincero, ampliamente sensible y amoroso con su familia y demás personas de su entorno. Como artista, sin dejar de ser hombre de este mundo, el mismo se ha encargado de autodefinirse como MADD, que es su alter-ego. Miguel Ángel Díaz Dávila no ha necesitado asumir posturas, indumentaria y comportamiento excéntrico, ni bohemio ni cliente de grupos artísticos para crearse una luminar condición artística  que le de efectistamente un prestigio inmerecido. A lo largo de su vida, siempre fue transparente como persona de extracción y posición populares. Y no ha necesitado pregonar una postura ideológico-política para mostrar que sí la tiene en la práctica, en el ejemplo positivo ¿Acaso no podemos caracterizar también a través de su obra? Nos bastaría ver aquellos murales como los de  José Sabogal, César Vallejo y a la familia campesina cajamarquina, para darnos cuenta de su conciencia, convicciones sociales y artísticas en el camino del arte realista. Y aun cuando el tema, figuras y melodías fueran extranjeras, estas ya están creadas y hasta peruanizadas desde la perspectiva del alter-ego del artista. Miguel crea, muestra, describe, confronta con la realidad humanizándolo todo desde su propia cosmovisión. Este alcance llega inclusive al culto Mariano, como se aprecia en el óleo de la Virgen del Carmen de Celendín quien protege a pequeños ángeles que atesoran las herramientas para el tejido con paja toquilla de los sombreritos celendinos.

A la fecha, MADD no está agotado en la sociedad y la cultura norteña en la que vivimos, pues haciéndose un espacio en busca de un arte y estilo realistas, de humanismo florecido, para que sigamos  apreciando al hombre en lo que es y en lo que vale, en lo que siga construyendo de su encuentro con las ciencias, artes,  técnicas y relaciones sociales.

Su obra fue y es diversificada a partir de una posición de ética e ideas basadas en el ejercicio de la libertad creadora de su propio proyecto de vida. Oleos, acuarelas, dibujos a carbón, collages, cuadros en relieve con desechos de aluminios, pero sobre todo, murales,  esculturas, recreaciones y composiciones melódicas, son su testimonio que fundan nuestras representaciones de valor a su mensaje y arte porque, como todo hombre y artista, no ha nacido acabado, pues su obra va haciéndose condicionada por varios factores y búsquedas de sus raíces y nuevos contextos de vida, como aquellos de juventud, en su entrañable Celendín, en que ensayaba algunos óleos surrealistas, y que en Trujillo, más tarde, lo volvemos a ver en la secuencia de sus óleos de caballos, pero que no han logrado opacar su línea básica de su arte realista de nuevo renacimiento humano provinciano abriéndose paso….

Entre 1984 y 1996, son precisamente las instituciones más esclarecidas del intelecto y de la investigación científica de la educación superior las promotoras y auspiciadotas del arte mural y escultórico de Miguel. Van 15 extraordinarios murales que lo podemos apreciar en los locales de las universidades de Cajamarca, Pedro Ruiz Gallo de Lambayeque, Nacional de Trujillo, San Pedro de Chimbote, la Asamblea Nacional de Rectores de Lima, la escuela de Bellas Artes de Trujillo y el Instituto Daniel Alcides Carrión de Lima.

Los murales policromados con ocre y relieve de cemento que se pueden remozar son técnicamente muestras en parte simbólica de las artes y ciencias enraizadas en la cultura occidental y peruana. Son versiones de una realidad representada y asociada, en algunos casos, a textos poéticos y a claras alusiones a los roles sociales humanos e institucionales educativos.

En los murales de entrada o portadas de las ciudades universitarias de Cajamarca, Trujillo y Lambayeque podemos observar la sencillez de la secuencia de hechos históricos y culturales vinculados al saber y a las artes universales que se expresan con símbolos pero que, en el fondo, es el estudiante y futuro profesional el fin de dicha secuencia y al vez el depositario de la luz y  libertad condicionadas al curso de la vida en sociedad.

Los murales de MADD en la Universidad de Cajamarca son parte de un conjunto arquitectónico de su campus: la portada principal con motivos diversos muestran mensajes educativos y sociales, el mural a César Vallejo, el homenaje al pintor José Sabogal, el alusivo a la proyección social de la universidad y el que representa a la familia campesina. De todos éstos, el de César Vallejo es el más trascendente desde la perspectiva de las convenciones y estilo artístico de Miguel. El poeta allí está representando en forma total, en su obra literaria, en sus matices amorosos y tiernos de familia, en su posición ideológico-política, en su mensaje de redención y  dimensión mundiales.

Las esculturas de estructura metálica y moldeadas con cemento y arena y/o gravilla o marmolina, los monumentos no están disociados de los murales. Entre 1988 al 1996, MADD realizó 05 monumentos y 17 esculturas en Cajamarca, Chiclayo, Lima y Trujillo. Nuevamente en estas expresiones artísticas median el tema planteando por el auspiciador o el promotor, pero la obra artística y la técnica empleadas son eternamente del genio artístico de Miguel.

En esta dimensión de murales y esculturas, la temática es también variada: va desde los héroes de nuestra independencia política, las naciones e ideas de homenaje a la paz y a la belleza de la mujer, hasta los monumentos a líderes políticos y al maestro, no están sacados de los libros sino del legado histórico, cultural, tecnológico, científico y de las concepciones y mensajes del propio artista, pero planteados en espacios de significación local, regional y mundial.

Entre las esculturas, particular relieve tiene el conjunto de las estatuas de las Diosas de Parmaso (1995), ubicadas en la urbanización Santa Victoria de la ciudad de Chiclayo y dominado precisamente “Paseo de las Musas”. Esta versión contemporánea de un neorenacimiento artístico de vuelta al arte griego antiguo atendió a una motivación de las autoridades chiclayanas, pero la técnica y forma de configurarlas -repito- tiene el sello personal del artista en cuanto a los materiales y a las dimensiones de las estatuas envueltas en tules transparentes y sobre pedestales. Los simbolismos de las estatuas hace honor a las artes como la poesía (diosa Thalia), la música (diosa Euterpe), la tragedia (diosa Melpóneme), la danza (diosa Tepsicore), la alegría (diosa Erato), la épica (diosa Caliope), la lírica (diosa Poliminia); a las ciencias como la Astronomía (diosa Urania), la Historia (diosa Clio). Este conjunto de esculturas tiene la aceptación de variados sectores sociales y culturales, los que van enraizándolos en su imaginario popular, quizá atribuyéndoles nuevos rasgos mitológicos de cosmovisión  peruana.

Bien sabemos que Miguel, en compañía de sus hermanos, fue primero cultor de música latinoamericana. Por ello no fue extraño que en Trujillo, en setiembre de 1994, Miguel recompusiera aquellas melodías en dos casettes titulados “Remembranzas”, más si estas melodías las ejecutaba y editaba el mismo Miguel.

En esta nueva variante musical de temática y géneros de la décadas del 40 al 80, la reinterpretación de canciones viene enriquecida y en nuevo contexto sociocultural. Las 19 canciones (tangos, boleros, etc.) son de autores nacionales y extranjeros, de temas románticos, testimoniales y festivos-folklóricos. En estas composiciones, el carnaval celendino y la canción española “Las Calles Están Mojadas” constituyen, a la vez que la especificidad temática de homenaje a Celendín, la huella del espíritu artístico que tiene clara conciencia de su identidad y procedencia familiar andina.

Las canciones grabadas en forma directa y con montaje en primera y segunda grabación según la melodía, no son meras réplicas. Aquí el modo o manera sigue siendo la característica que las particulariza en dos aspectos: innovaciones y arreglos. Estos elementos los apreciamos al comienzo de las melodías (en las introducciones) y en los intermedios musicales de las mismas. Y no podría ser de otra forma para no transgredir la unidad de cada canción reinterpretada. Introducciones e intermedios enriquecen la melodía, agudizan la sensibilidad del oyente y llena una necesidad de reencuentro con la vivencia personal. Si bien su creación y ejecución musicales de Miguel no tienen la dimensión de sus óleos, esculturas y murales artísticos, para él sigue siendo la música su diosa íntima que más lo personaliza en todas las etapas de su vida.

Mis comentarios expresan un esfuerzo por una valoración honesta de Miguel y no me preocupa por ello la absoluta objetividad; con simpatía comunico mi admiración y reconocimiento al hombre y al artista concretos, de significación humana, cuya obra va quedando como legado artístico cultural para hoy y para el futuro.
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(*) Artículo publicado por E. Jorge Aliaga A. en el periódico “La Verdad” de Trujillo, octubre de 1996.

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