Los efectos nocivos y mortales de la Pandemia del Corona Virus, viene desnudando o desenmascarando, de manera paradójica, las dos caras de la moneda, de las conductas o comportamientos, de nosotros, los seres humanos, de manera individual o colectiva: “lo bueno y lo malo”, cuyas consecuencias serán de especial importancia en la perspectiva del supuesto retorno a la “normalidad” cotidiana.
La Pandemia del Corona Virus, que ha originado más de 150 mil muertos y más de dos millones de personas infectadas en el mundo; pone en tela de juicio diversos factores de cohesión social; es decir, de la vigencia de normas morales y éticas, jurídicas y hasta de la observancia de simples aspectos consuetudinarios, que han hecho y hacen posible la convivencia humana.
El lado bueno
Ir comprendiendo la gravedad del asunto, ha despertado en significativos sectores poblaciones sentimientos de solidaridad, protección, colaboración y seguridad social, a través de varias manifestaciones populares en los países afectados y en el nuestro: vítores y aplausos de reconocimiento y gratitud para el personal de salud, miembros de la policía y las fuerzas armadas; apoyo con colectas económicas y también víveres y medicamentos, movilización de un amplio voluntariado de personas para reparto de alimentos, establecimiento de albergues y cuidados para personas pobres y de extrema pobreza, para indigentes y también cuidado y alimento de animalitos callejeros.
Es la población civil y sus organizaciones, los grupos parroquiales católicos, los hermanos evangélicos, las juntas vecinales, y en nuestro caso las rondas urbanas y campesinas, las que están poniendo el hombro, recolectando y distribuyendo alimentos y medicinas, donados por empresas y ciudadanos solidarios en la ayuda humanitaria; así como en el control del cumplimiento de las medidas de inmovilización social, acciones todas direccionadas con un solo objetivo: “el bien de los más necesitados”.
s la población civil y sus organizaciones, los grupos parroquiales católicos, los hermanos evangélicos, las juntas vecinales, y en nuestro caso las rondas urbanas y campesinas, las que están poniendo el hombro, recolectando y distribuyendo alimentos y medicinas, donados por empresas y ciudadanos solidarios en la ayuda humanitaria; así como en el control del cumplimiento de las medidas de inmovilización social, acciones todas direccionadas con un solo objetivo: “el bien de los más necesitados”.
El lado malo
El reverso de la moneda, nos muestra situaciones de inconciencia, desafíos a la autoridad y medidas restrictivas, individualismo, acaparamiento de alimentos, especulación de comerciantes, desinformación y alarmismo, pánico social y enfrentamientos en las redes sociales, de consecuencias muy dañinas. Tales situaciones vienen creando climas de zozobra y desestabilidad social, en muchas partes del país, que involucran mayormente a las grandes mayorías, generalmente desprovistos de recursos para sobrevivir.
En determinados lugares, se han soliviantado los ánimos de la gente, estigmatizando a las personas infectadas como “vectores diabólicos” de la mortal pandemia, susceptibles de aislamiento, expulsión o lapidación; así como de la propagación de informaciones tendenciosas, especialmente sobre el destino final de los cadáveres de las víctimas, al no existir crematorios; generándose situaciones de confrontación, desorientación y pánico social por supuestos contagios masivos.
La gravitación, felizmente, pesa más por el lado bueno, que avizora la esperanza de cambios transcendentes de la conducta individual y colectiva, de recuperación de los valores y genuinos sentimientos de humanidad y respeto mutuo, de solidaridad y cooperación; única opción viable, por el momento, de defensa contra esta letal pandemia.
- Hugo REYNA GOICOCHEA
- DIRESA Cajamarca



