Una constante lucha reivindicativa
Lo comprobado anteriormente, se debe a factores de diversa índole, que obligan a que sea el mismo sexo femenino, a través de sus organizaciones quienes promuevan actos de auto homenaje, a fin de llamar la atención de la sociedad en su conjunto para reconocer limpidamente que sus derechos y obligaciones deben ser tan iguales que los de los varones, aunque esto se vea aún, como una auténtica quimera: ¡Verdadera vergüenza social!
Como en todo fenómeno social, las reivindicaciones femeninas a lo largo de la historia de la humanidad, no han sido producto del reconocimiento natural de igualdad de sexo, sobre la base de las innatas condiciones antropológicas del hombre, sino de grandes exigencias de lucha de la mujer para que se le reconozca sus derechos. En muchos casos a costo de vejámenes, sacrificios y aún de su propia inmolación, como lo fue justamente, en 1912 la muerte de 140 jóvenes trabajadoras, la mayoría inmigrantes italianas y judías, quienes perecieron al incendiarse la fábrica Triangle en la ciudad de Nueva York, que pusieron de manifiesto las pésimas condiciones de trabajo en las que se desenvolvían. Como era de esperarse este trágico suceso tuvo amplias repercusiones en el mundo y de manera singular en la legislación laboral en los EE.UU, lográndose determinadas reivindicaciones laborales.
Avances y frustraciones
Los movimientos reivindicativos de la mujer, orientados a lograr el reconocimiento de sus derechos e igualdad, en todos los niveles, son aún aspiraciones sentidas y buenos deseos en el seno de sociedades con altos grados de expresiones machistas como Asia, África y también en muchos países latinoamericanos.
La postración y marginación de la mujer, por razones culturales, políticas, religiosas o meramente sociales, pese a los logros alcanzados y reconocimientos de varios estados y organismos internacionales, subsiste y se evidencia aún en niveles grotescos de marginalidad, violencia, explotación económica y sexual.
En nuestro país, se han dado pasos importantes de varios logros y reconocimientos por parte del Estado respecto a los derechos y deberes de la persona, que involucra a hombres y mujeres. Se ha creado el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables, así como el Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social. En algún momento se tuvo a una mujer como Vicepresidenta y se cuenta con representación femenina en el Congreso y titulares de carteras ministeriales; pero aún en ínfimas cifras. En cuanto a los procesos electorales también se ha establecido la cuota de género y otros mecanismos legales de supuestas reivindicaciones en el camino hacia la igualdad de sexo.
Un camino sinuoso
No obstante, como que persisten con inusitada fuerza, mecanismos que relegan a la mujer a un segundo plano, a un rol pasivo y reproductor, así como para el desarrollo de labores eminentemente domésticas. En los sectores rurales, pueblos indígenas y nativos, pese a su activa participación en las labores productivas, se evidencia esta cruda realidad, en pleno siglo XXI.
La problemática de marginación y exclusión de la mujer en las circunstancias actuales prácticamente sigue subsistiendo, a pesar de haberse logrado, a base de esfuerzo y sacrificio, se le reconozcan ciertos derechos políticos, económicos y sociales. Para un gran sector subsisten aciagos problemas de marginalidad y discriminación, violaciones, explotación sexual, abandono familiar, violencia física y sicológica, acoso sexual y crecientes casos de feminicidio, especialmente al interior del país y en las zonas rurales. Tal situación debe hacernos reflexionar sobre la necesidad de abandonar cómodas y falsas posturas de alardeo sobre la igualdad de las personas y el rol complementario de los sexos, solo por exigencias forzadas, mas aún en fechas como esta, llenas de retórica y discursos, para después qué: ¿seguir en lo mismo?.
Las falsas posturas de los homenajes a la mujer, es en realidad, una obligación de simples compromisos de agendas personales e institucionales, en una sociedad que, pese a los avances logrados, sigue tolerando la segregación a la mujer, especialmente en los casos en que ésta no ha tenido acceso a la educación, al trabajo, a la superación personal, entre otros aspectos; ubicándola en una situación de dependencia y entera sumisión.
Nuestro reconocimiento y admiración
Al margen de todo lo descrito, debería constituir para los varones, no una obligación formal el rendir homenaje a la mujer, sino una especial motivación de reconocimiento sobre la importancia de la complementariedad de sexo, para el desarrollo integral de la sociedad y el género humano. Vaya nuestra especial admiración por la mujer, en su condición de madre trabajadora, gobernante, amiga, compañera, esposa, hija y ciudadana de una nación, tan capaz, en todas sus dimensiones, como lo es el varón: ¡Feliz Día Internacional de la Mujer!
Mujeres periodistas y comunicadoras sociales.
- Hugo REYNA GOICOCHEA




