Consejo Departamental Cajamarca

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Homenaje a los Mártires de Uchuraccay

Escribe: Hugo REYNA GOICOCHEA
Para quienes profesamos el periodismo con verdadero amor, pasión y sentimiento, no puede pasar desapercibido un nuevo aniversario, en la impunidad, de los crímenes aún sin esclarecer, que apagó cruelmente la vida de un grupo arrojado de periodistas, a finales de enero de 1983.
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En aquella época, un tanto ya lejana, los medios de comunicación, especialmente radiales, daban cuenta de una sorprendente noticia: “Un grupo de periodistas, habían sido cruelmente asesinados en las alturas de la Comunidad de Ucchuraccay, en las serranías de Ayacucho”, un 26 de enero, los mismos que días antes, habían partido con el ánimo de investigar las causas de una matanza de comuneros en las serranías ayacuchanas.

La noticia, sin duda alguna, era aterradora y escalofriante, colisionaba con los límites de la racionalidad humana, en circunstancias en las que, en nuestro país, comenzaban a expresarse las acciones sediciosas y demenciales del terrorismo senderista, que estaban afectando directamente a las poblaciones campesinas, especialmente en la comunidad de Uchuraccay, la que ofreció una tenaz resistencia a las huestes de Sendero Luminoso; recibiendo una represalia de asesinatos masivos de los comuneros indefensos.

Han transcurrido, desde aquellos luctuosos sucesos, ya treinta y siete años (37) largos años. Este execrable crimen constituye, sin lugar a dudas una “herida abierta”, un ícono de sacrificio para la familia periodística y para los familiares directos; mas aún por el hecho, de que de las investigaciones realizadas y sus resultados, no han salido respuestas coherentes a la objetividad de los hechos, tampoco se ha logrado identificar a los verdaderos responsables de esta condenable  matanza.

Según las versiones oficialistas de la época, dadas por el Jefe Político Militar de la zona de emergencia, Gral. Clemente Noel, en las serranías de Ayacucho venía produciéndose asesinatos selectivos de grupos de comuneros, aparentemente por rivalidades internas, así como se avizoraba la presencia de grupos armados paramilitares. Estas declaraciones generaron incredibilidad; razón por la cual, un grupo de ocho periodistas de medios limeños y ayacuchanos decidieron viajar hasta Huaychao; sin presagiar siquiera que ese fatídico 26 de enero, encontrarían una cruenta muerte, en un viaje sin retorno.

El ánimo de los expedicionarios, así como de su guía; no era otro que el de buscar, en el terreno de los hechos, la información precisa y objetiva de la matanza de comuneros, inicios de lo que sería la asonada terrorista del demencial grupo terrorista sendero luminoso; así como también de las incursiones represivas de las fuerzas armadas, que tuvieron a las poblaciones campesinas, entre “dos fuegos”.

Los resultados de las investigaciones, de la Comisión que presidió el escritor Mario Vargas Llosa, en su momento, así como los de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, años después, a inicios del presente siglo, no han satisfecho plenamente el esclarecimiento de los verdaderos móviles de esta masacre, aún habiéndose sindicado a “chivos expiatorios”.

Los resultados se esbozaron en conclusiones como que este grupo de periodistas asesinados, habrían sido confundidos por terroristas, y que debido a las barreras idiomáticas (castellano-quechua) no habrían podido comunicarse con los comuneros, los mismos que se encontraban enardecidos por los constantes asesinatos de los campesinos de las comunidades de la zona; argumentos que indudablemente no han logrado convencer absolutamente a nadie. ¿Quiénes fueron los verdaderos culpables?.¿Qué motivos originaron estos execrables asesinatos? Es de esperar que las exigencias de la dinámica social y en aras de la “racionalidad humana”, en transcurso de los años, y cuando ya no existan los verdaderos culpables, permitan descifrar las causas objetivas y razones de este abominable crimen, que las fuerzas del poder político y económico porfían en ocultar.

Para el periodismo nacional, un homenaje profundo y de gratitud, a estos mártires del periodismo, será el de desarrollar esta noble profesión, bajo los cánones del respeto y la ética profesional; algo muy difícil de pedir en una coyuntura en la que la corrupción también envuelve a muchos malos “periodistas” que han encontrado en su “ejercicio”,  en los diversos medios de comunicación social, una condenable forma de supervivencia, en muchos de los casos bajo presiones de extorsión, especialmente de autoridades, a políticos corruptos, empresarios y cuanta gente pueda ser susceptible de caer en sus abominables garras.

Hermanos periodistas: Jorge Sedano Falcón (Diario “La República”), Eduardo de la Piniella Palao (“El Diario de Marka”), Willy Retto Torres (Diario “El Observador”), Pedro Sánchez Gavidia (“El Diario de Marka”), Amador García Yanque (Semanario “Oiga”), Jorge Luis Mendivil Trelles (Diario “El Observador”), Félix Gavilán Huamán (“El Diario de Marka”), Octavio Infante García (Diario “Panorama” de Huamanga) y el guía Juan Argumedo García: ¡DESCANSEN EN PAZ!.

  • Hugo REYNA GOICOCHEA
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