Inauguramos el octavo presidente en un periodo de diez años, lo que evidencia la inestabilidad política y la endeble democracia que profesamos por obra y gracia de un grupo de endiosados que han hecho de la política un ruin ejercicio de politiquería barata y la praxis presidencial de “cuello blanco” de baja estofa.
Luego del triunfo de José María Balcázar, la derecha se auto acusa y se culpa por haber permitido que un congresista dizque de izquierda haya tomado de manera temporal las riendas del país. Pudo haber ganado Maricarmen Alva, que al final hubiera sido lo mismo, el simple cambio de “moco por baba” y el consabido canje de uno más en Palacio, sin esperanza, sin expectativa, sin pronóstico positivo, solo un cambio de llaves en la Casa de Pizarro, es decir, un comodín más para sostener este sistema de cosas.
¡Qué duda cabe!, continuará el drama de la inseguridad ciudadana, la corrupción seguirá sigilosamente mezquinando las arcas del estado, las élites continuarán en el Congreso ejerciendo su función de lobby y los candidatos seguirán en su rol de engatusadores del voto del incauto ciudadano.
Nada va a cambiar, y no es que seamos pesimistas, pero la realidad en las calles es otra. Según datos del INEI al año 2024 la pobreza bordea el 27,6% que equivale a 9 millones 395 mil personas. La pobreza extrema al 2024 se ubica en 5,5%, es decir, 1 millón 870 mil personas. La tasa de desempleo al 2025 es 4,9% lo que significa 902 mil personas sin trabajo.
Según datos de la PNP, son dos mil 100 denuncias a nivel nacional por extorsión en lo que va del año 2026. En el año 2025 se registraron 26,000 denuncias por extorsión.
El Observatorio del Crimen y la Violencia, registra 180 conductores de buses asesinados por mafias delincuenciales en el año 2025.
Esta es la cruda realidad del país. Mientras Jerí la hacía de Pantaleón y sus visitadoras en palacio, mientras la expresidenta, Dina Boluarte, se ufanaba de sus Rolex y de sus cirugías plásticas, y los legisladores hacen de las suyas a manos llenas usufructuando el dinero de todos los peruanos, el Perú se desangra en las calles.
Ojalá, ocho sean los suficientes, ya es tiempo de decir ¡basta ya! El mismo menú de siempre, las mismas caras, el mismo discurso, la misma lacra asquerosa. El Perú, el retrato de un país de minorías que se aprovecha malsanamente de las mayorías, un país de “miserias humanas” con individuos que llegan a Palacio y al Congreso para robar, negociar, traficar, y hasta para hacer proxenetismo y prostitución de linaje en nombre de la democracia.
¿Qué esperamos, que repitan el plato en estas elecciones? De nosotros depende, ya es tiempo de decir no. Parafraseando a Vallejo, que la falsa promesa electoral, que la mentira del mercader de votos no nos vuelva como “…charco de culpa en la mirada”. Estamos advertidos, ocho son suficientes…




