Cajamarca afronta una situación sumamente triste y dramática con la pandemia coronavirus 19. Desde un principio de la enfermedad en nuestra región no se adoptaron las medidas preventivas y adecuadas para frenarla; por el contrario, se entró en una despreocupación de la población porque jactanciosamente (alabanciosamente) escondiendo acaso la realidad en cuanto a cifras de fallecidos, con el propósito de aparentar éxito de gestión política y administrativa, las autoridades anunciaron que la pandemia en Cajamarca estaba controlada. Acaba de informarse que en el Perú, porcentualmente hablando, comparativamente con los países más afectados, tomando como base un millón de habitantes, nuestro país alcanzaría seiscientos mil personas fallecidas, lo cual nos ubica, trágica y vergonzosamente, en el tercer lugar en el mundo con mayor número de fallecidos. Y en este momento, la región Cajamarca es una de las más afectadas con la covid19. Cuando se daba a conocer que este flagelo letal llegó al Perú, rogábamos a Dios que no llegara a Cajamarca porque las consecuencias iban a ser espantosas, pues, nos iba a encontrar con una población sumida en la pobreza, el desorden, el desaseo y la informalidad. Lamentablemente, una de las causas del elevado número de contagiados es la informalidad en el comportamiento de la población.
¿Quiénes cometen o caen en la informalidad? Los casos son numerosos; mencionamos algunos: el que no usa mascarilla, quien no guarda el distanciamiento social, el espacio de separación entre persona y persona, el que arroja la basura en cualquier lugar, quien no se lava las manos con agua y con jabón, la persona o personas que promueven reuniones, fiestas y borracheras, la autoridad o funcionario de doble discurso para contentar a ambas partes, el chofer que transita y se estaciona en lugares prohibidos, la persona que roba en el peso y en el precio de las mercancías, la vivandera que vende sus productos en el suelo, el ambulante que invade y ofrece su mercadería en cualquier lugar, el conductor que llena exageradamente con pasajeros su vehículo, el chofer de combi que se detiene en media pista, el mototaxista que adelanta imprudentemente por derecha y por izquierda, el dueño de tienda que saca su mercadería a la vereda, el trabajador, profesional o funcionario que no cumple con su deber o compromiso, etc., etc.Para comprender lo que es la informalidad, debemos recordar que la informalidad es el antónimo de la formalidad; en otras palabras, es lo contrario de la formalidad. La formalidad es disciplina, responsabilidad, rigurosidad, diligencia, severidad, exactitud, precisión, compostura, modestia y prudencia en los actos. La formalidad protege las relaciones humanas; es sinónimo de respeto hacia los demás, y es muy importante para sobrellevar las relaciones interpersonales. Desdichadamente en Cajamarca, como en otros lugares del país, se ha incrementado la informalidad, la desobediencia a las normas, las disposiciones y recomendaciones que procuran poner en orden la forma de actuar de los individuos. La informalidad se ha convertido, pues, en un serio problema social en nuestro medio.
Son comprensibles los inconvenientes y limitaciones de las personas abatidas por la pobreza económica para entrar de un momento a otro en la formalidad, sobre todo cuando la informalidad se ha convertido en un arraigado hábito colectivo; sin embargo, es tiempo de que los informales tomen conciencia de los riesgos y perjuicios en la salud que se causan a ellos mismos y a los demás. Para superar este fenómeno negativo se hace necesario que las autoridades actúen con mayor energía y severidad a fin de regular y controlar el comportamiento público y familiar de las personas. Es bueno también exhortar a los especialistas (educadores, sociólogos, antropólogos, psicólogos, comunicadores, personal de salud, etc.) para que aporten con sus investigaciones, estudios y sugerencias a fin de mejorar la situación humana y la calidad de vida de la población.
La informalidad también es cometida por las autoridades. Un hecho de informalidad con efectos deplorables es el siguiente. Hace algunos años, la gestión municipal del General Jorge Hoyos Rubio destinó un amplio y apropiado terreno de diecisiete hectáreas para el cementerio de Cajamarca, en el cruce a Llacanora y Jesús. Sin embargo, la informalidad del siguiente gobierno local cambió de uso dicho espacio, y dispuso que allí funcione la plaza pecuaria. La consecuencia es lamentable y la estamos sufriendo ahora, pues, habiendo colapsado el Cementerio General, nuestros difuntos están siendo enterrados de manera informal e inhumana en fosas improvisadas y si protección alguna, en terrenos sin barda o cerco perimétrico, en predios sin formalización legal y de saneamiento, ante la protesta justificada de sus deudos. Por tanto, el Alcalde debe recuperar de inmediato el mencionado terreno que fue asignado para el cementerio –el cual ya contaba con los respectivos planos arquitectónicos e incluso tenía el nombre de La campiña de la paz-, debiendo reubicarse por emergencia la actual plaza pecuaria. Hay que pensar en el futuro con obras prioritarias, de gran importancia y de verdadero servicio a la comunidad.
- Luzmán SALAS SALAS
- elconfidencial.com



