Carlos se divierte a ritmo de carnaval, Carlos bebe mucho alcohol, Carlos orina en la esquina, Carlos descansa porque mañana será la globeada en donde bailará beberá, seducirá y solo Dios sabe en qué terminará. Aureliano, alcalde del Centro Poblado Bella Unión, no puede dormir, los reclamos de sus vecinos lo agobian, no hay dinero, las necesidades son muchas, ya se cansó de hacer gestión y solo Dios sabe en qué terminará.
Mientras que, al primero su mundo está lleno de “diversión”, al segundo, de preocupación, lo curioso es que el carnaval los une e irónicamente, también los divide. El que las autoridades estén en modo carnaval, en una sociedad en donde los índices de desempleo y pobreza son altos es criminal, mucho más, cuando solo aprovechan está fiesta para llenar los bolsillos de unos cuántos y el resto que se joda.
La sociedad cajamarquina ha demostrado a lo largo de su historia que es maleable, sumisa -cuando le conviene- pero sobre todo manejable, como muchas sociedades de esta parte del mundo, y de eso sacan provecho malas autoridades. De ahí que promover el sentido crítico, la capacidad de análisis en las escuelas, son metas que solo están en la narrativa.
Un alcalde como Joaquín Ramírez que arrastra un rosario de hechos políticos e investigaciones que lindan con el delito, que cree que puede salir a los medios a pintarnos un mundo de maravillas y que puede hacer de la municipalidad su chacra, sin que nadie le diga algo, no hace más que diagnosticar a una ciudad idiotizada y engañada.
Lo que pasó el jueves 18 de enero con el pleno del concejo provincial al no suspender al alcalde de Cajamarca, por omisión de funciones, alegando vacíos en la ley de presupuesto, que ni ellos mismos entienden, pinta de cuerpo entero a la máxima autoridad municipal, que, a la fecha, le ha dado la espalda a la serie de irregularidades, inercia e incapacidad que brota por todos lados, pero que ellos no quieren ver, y que al final, perjudica a nuestra sociedad.
Para conseguir una sociedad como en la que está ahora Cajamarca, el poder se vale del entretenimiento vacío, con el objetivo de empachar nuestra sensibilidad social, y acostumbrarnos a ver la vulgaridad y la estupidez como las cosas más normales del mundo, inutilizándonos para poder alcanzar una conciencia crítica de la realidad.
Fernando Navarro, analista español de La Haine, señala que, en esta subcultura del entretenimiento vacío, lo que se promueve es un sistema basado en los valores del individualismo posesivo, en el que la solidaridad y el apoyo mutuo se consideran como algo ingenuo. “En el entretenimiento vacío todo está pensado para que el individuo soporte estoicamente el sistema establecido sin rechistar”.
Respiremos un poco, miremos a nuestro alrededor, sin apasionamientos, sin bandera política y sobre todo con una mirada honesta, y verán que Cajamarca se está yendo al carajo, porque para la sociedad su primera preocupación, es ganar un sol para llevar a casa, en buscar trabajo, en pagar alquiler, préstamos. Coyuntura perfecta para seguir viéndonos la cara y hacer lo que quieran.



