Consejo Departamental Cajamarca

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"Todo por Cajamarca, Nada Contra Cajamarca"

El altamente peligroso servicio de mototaxis ¿Un mal necesario?

Escribe: Hugo REYNA GOICOCHEA
En las últimas décadas, por los déficits crecientes del transporte urbano, inicialmente en las grandes ciudades de la costa, ingresaron al mercado, unas frágiles unidades móviles motorizadas bautizadas como “mototaxis” o “motocar”. Su crecimiento ha sido vertiginoso, como una especie de refugio por la falta de empleo, accesible por sus bajos costos de trasporte para las grades mayorías, hasta saturar, con su presencia masiva, vastas zonas urbanas, especialmente en las capitales departamentales y provinciales. Su presencia ha originado serios y críticos problemas, con saldos lamentables de miles de accidentes, con la muerte de personas y secuelas de minusvalías. Este fenómeno del transporte, linda, asimismo, con acciones de informalidad y también su uso en actos delincuenciales. Este servicio, para muchos un mal necesario, viene desbordado los tímidos y escasos intentos de regulación de las autoridades municipales; que prácticamente se ven impotentes para controlar su crecimiento explosivo.

Un servicio paliativo con muchos problemas

 Los mototaxis, constituyen unidades motorizadas adaptadas, con los sistemas de las motos lineales que, en las últimas décadas, han masificado su presencia en determinados países del mundo, como una respuesta barata para el servicio de transporte urbano popular y de cortos recorridos, para conducir hasta dos (2) pasajeros. Su presencia se da, inicialmente, en países con altas concentraciones urbanas como Filipinas, Indonesia, Malasia, China y en la India. Los principales fabricantes de este tipo de unidades motorizados se encuentran en la India, siendo las marcas más conocidas: Bajaj, Piaggio Greaves, Motores de la Fuerza, automóvil de Atul y automóviles de Kerala.

El mototaxi en el Perú

En nuestro país, no obstante, el potencial peligro, para la integridad y vida de la población de bajos recursos económicos, este tipo de servicio, en las últimas décadas, ha logrado un crecimiento exponencial, muy significativo, en un número cada vez, más creciente de centros urbanos de la costa, sierra y selva, prácticamente en todo el territorio nacional, con raras excepciones, como en la ciudad de Chachapoyas, capital del departamento de Amazonas.

En el aspecto legal, en nuestro país, se reconoce este tipo de servicio, dentro de la categoría de “Transporte Público Alternativo de Pasajeros” o “Sistema  PARATRÁNSITO” (Plan Maestro de Transporte Urbano para el Área Metropolitana de Lima y Callao”); con una conceptualización de apoyo al servicio de pasajeros con carácter complementario, en zonas periféricas fundamentalmente.

Cajamarca la ciudad invadida por mototaxis

La supuesta promoción del gobierno central en la apertura del mercado nacional al ingreso de las combis y vehículos usados -años noventa- generó un clima propicio para la aparición de numerosas líneas de transporte urbano e interurbano, con serias deficiencias y peligrosidad; situación que hasta el momento no puede controlarse y pareciera, no haber solución inmediata, para este grave problema del transporte público en el país.

Nuestra ciudad capital, no es ajena a las necesidades, cada vez más exigentes, de demanda de transporte público, como consecuencia del acelerado crecimiento urbano que ha tenido en las tres últimas décadas, existen brechas significativas de su provisión. La presencia de una población urbana flotante, foránea, producto de las expectativas de las actividades mineras y conexas, el crecimiento espontaneo del área urbana, en base a intereses especulativos en la venta de terrenos, sin control y regulación alguna por parte de las autoridades municipales, ha venido permitiendo la expansión de sectores urbano marginales que, lógicamente, requieren del servicio de transporte público, que las líneas formales, no han podido cubrir con eficiencia.

Una presencia incontrolable

En este contexto, también se dejó, prácticamente al libre albedrío,  la presencia de mototaxis que han copado y han hecho  colapsar, desde mucho tiempo atrás, el soporte vehicular en calles, cuyas vías son sumamente estrechas, característica de una ciudad eminentemente andina; cuyo Centro Histórico, sufre las consecuencias de una alta saturación de vehículos motorizados, de todo tipo, especialmente taxis y mototaxis: “algo realmente insólito para una ciudad que se precia de histórica y eminentemente turística”.

Un servicio altamente peligroso

Si bien, podría afirmarse, que inicialmente este servicio, iniciado por la  década de los noventa, se presentó como un paliativo al déficit del servicio de transporte urbano, por sus costos populares; lo real es que al momento, se desconoce cifras oficiales de la cantidad de estas unidades móviles que invaden diariamente las principales arterias de la ciudad, desde la periferia hasta el mismo Centro Histórico y que hacen del tránsito urbano, en nuestra ciudad, un verdadero “pandemonio”, sin respetar, en lo mínimo, las reglas de tránsito establecidas, las mismas que son quebrantadas olímpicamente por sus conductores, sin control y sanción alguna.

La denominada “cultura combi” que hace alusión a las acciones temerarias y conductas infractoras de los conductores de “combis” en la capital del país, así como de otras ciudades de la costa, no es sino una derivación hacia las conductas infractoras de los conductores de mototaxis, quienes adicionan una dosis más de informalidad.

En la práctica el servicio de mototaxis, por la fragilidad de sus unidades móviles y acciones temerarias de sus conductores, se suman a la problemática del transporte público. Vienen ocasionando miles de accidentes de tránsito con secuelas de miles de muertos y heridos, así como de minusvalías permanentes en sus víctimas, que las entidades del Estado y la autoridad formal, muestran incapacidad para contener y controlar. Un caótico servicio que implica infracciones de carácter permanente: ingreso a vías rápidas, circulación en vías nacionales, conducción de más de dos pasajeros, circulación contra el tráfico, temeridad en sus maniobras, adelantar por la derecha, conductores menores de edad, uso de unidades sin placa, ni SOAT, entre otras perlas, que las autoridades policiales no pueden o no quieren controlar.

El transporte público una papa caliente en la mano

En Cajamarca, qué duda cabe, el servicio de transporte urbano e interurbano, viene experimentando alarmantes connotaciones de caos, informalidad y arbitrariedad que los niveles de gobierno, en sus jurisdicciones, tampoco pueden regular y controlar.

En el ámbito local, existen grupos de poder que controlan las líneas de transporte público que han venido ejerciendo medidas de presión, las mismas que prácticamente hacen estériles las pocas acciones de querer afrontar tan delicada problemática, de ordenar y reorientar las rutas y recorridos para estos servicios, cediendo a sus intereses, en desmedro de un servicio público eficiente y eficaz.  

Tristes recuerdos vienen a la memoria, cuando en la gestión del extinto Emilio Horna Pereyra, cientos de mototaxis sitiaron el local municipal del jirón Cruz de Piedra y hasta prendieron fuego a su portón, o cuando, en gestiones pasadas, han hecho lo mismo en las instalaciones del Capac Ñan; últimamente, en la coyuntura de la pandemia del coronavirus por los aforos, obligando a retroceder las pocas intenciones de querer poner orden. Actualmente sus gremios formales e informales, ejercen fuerte presión con amenazas de paralizaciones y bloqueos de vías, situación que mantiene en vilo cualquier intento de mejorar y regular estos servicios.

Un delicado problema que requiere sumo interés de los candidatos

Así como van las cosas, es un grave problema, que tiene que asumir con mucho realismo la nueva gestión municipal,  pesada y tóxica herencia muy complicada y difícil de afrontar, si no hay capacidad de gestión. Como lo percibe el común de usuarios/as un crucial problema a la espera de propuestas concretas viables y realistas, al margen de posturas demagógicas que esgrimieron los excandidatos al sillón municipal.

 Cajamarca requiere de grandes y creativas soluciones a sus graves problemas; caso contrario corremos el riesgo de que los mototaxitas, como dice el adagio popular: “nos levanten en peso y, Cajamarca, siga convertida, en una verdadera jungla”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  • Hugo REYNA GOICOCHEA
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