Consejo Departamental Cajamarca

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"Todo por Cajamarca, Nada Contra Cajamarca"

CUARENTENA, SALUD Y EDUCACIÓN

Escribe: Luzmán Salas Salas - Pas Decano del Colegio de Periodistas Cajamarca
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Andina

Asistimos hoy a la variabilidad de comportamientos humanos y nuevas formas de vida como consecuencia de la terrible pandemia del coronavirus.

Para disfrutar de buena salud y calidad de vida, indudablemente se tiene que cambiar de conducta; es necesario tener conciencia de los hábitos positivos; pues, el coronavirus seguirá cobrando víctimas, y quizá aparezca otra pandemia. Ante ello, como advertía el célebre naturalista británico Charles Darwin, creador de la doctrina evolucionista de las especies,  “quien sobrevive no es el más fuerte, no es tampoco el más inteligente, sino sobrevive aquel que más rápido e inmediatamente se adapta al cambio.”La cuarentena nos ha permitido y nos sigue permitiendo advertir nuestras fortalezas y debilidades, actitudes, hábitos o conductas positivas y negativas, frente a nosotros mismos y ante nuestra familia, nuestros amigos y el público en general. El confinamiento nos ha llevado a mirar nuestro pasado, ver nuestro presente y avizorar nuestro futuro. El enclaustramiento nos conduce inevitablemente a tomar conciencia en torno a nuestras interrelaciones humanas, nuestras interacciones dentro y fuera del hogar. Hasta antes de la cuarentena, tal vez no habíamos advertido que la vida y la dinámica social gozaban de libertad, pero que se extremaban en libertinaje. Cajamarca, desde hace algunos años, se ha venido manifestando como una ciudad extremadamente desordenada y desaseada. Es tiempo ya de realizar esfuerzos para compatibilizar la pobreza con el orden y el aseo. Las restricciones, prohibiciones o limitaciones de la cuarentena o confinamiento han producido otra imagen urbana. Cuando se levante o se flexibilice la cuarentena, ¿se mantendrá el orden y el aseo en la ciudad?, o por el contrario, ¿se volverá a la vida de antes?, ¿caerán de nuevo ciertas autoridades o algunos funcionarios, inspectores, supervisores, policías, en la venalidad o soborno cuando hay que imponer sanciones?

Asumir el cambio positivo implica poner en práctica nuevas formas de comportamiento humano en el ejercicio de la autoridad, en el transporte, el mercado, la salud ambiental, hospitales, restaurantes, centros de educación y de diversión, etc.

Indudablemente, el comportamiento es forma de vida, en gran medida la actitud humana es forma, está sujeta a normas, y quien no cumple la norma va contra la forma; es decir, es informal.

Ojalá que en el futuro –para citar algunos casos- el transportista respete las normas de tránsito, limpie el interior de su unidad móvil, evite el exceso de pasajeros, brinde buen trato a los usuarios; los comerciantes no vendan desordenadamente en las calles; los dueños de tiendas no saquen sus mercaderías a las veredas; las vivanderas no vendan sus productos en el suelo ni ocupen las veredas; los carniceros y carniceras no arrojen los desperdicios a la pista; los choferes no se estacionen en espacios prohibidos; los negociantes no dejen frutas podridas en la calzada y las veredas; no haya lavaderos clandestinos de aves, cerdos y pescado; no haya gente que críe perros sin tener recursos para mantenerlos y opten por dejarlos en la vía pública; no fluyan las aguas servidas por las calles, etc.

Las autoridades deben emprender una permanente campaña educativa, cuyos resultados, lógicamente no son inmediatos, pero, iniciado el proceso educativo, paulatinamente se lograrán los fines deseados. La educación es un tema que está presente en todas las actividades humanas. El pedagogista alemán Wolfgan Brezinka señalaba: “Siempre que se trata de promover algo bueno o de eliminar algún mal, todo el mundo recurre a la educación. El que quiere hacer algo por la paz fomenta la “educación para la paz”; quien trata de mejorar la salud pública comienza con la “educación para la salud”; quien quiere reducir el número de accidentes promueve la “educación para el tráfico”. Oímos hablar igualmente de “educación laboral” y “educación para el ocio”, de “educación sexual” y “educación para la muerte”.

Finalmente, insistimos, se deben forjar nuevos hábitos positivos, pero hábitos por convicciones, no por simple imitación de lo que hacen los demás. Ello no se logra con solo recetas, sino con un planificado proceso educativo, en forma gradual, a largo plazo. Esto implica aceptar el cambio, prescindir del inconsciente conductismo y ascender hacia la rica valoración, la toma de conciencia sobre los valores de la vida, las buenas relaciones humanas, las sublimes formas de bienestar ciudadano, renunciando en algunos casos a la zona de comodidad que nunca queremos dejarla. Para todo ello deben darse las debidas prescripciones, previamente meditadas respecto a sus efectos o consecuencias; elaboración de normas racionales, justas y funcionales, pues, no vaya a resultar peor el remedio que la enfermedad; como decía mi abuelito: “Más mató la receta que la escopeta.”

  • Luzmán Salas Salas - Pas Decano del Colegio de Periodistas Cajamarca
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