Las gestiones municipales pasadas, tampoco enfrentaron con mediano éxito este espinoso problema, altamente peligroso para la integridad física y vida de los transeuntes. Las razones son hartamente conocidas: improvisación, incapacidad técnica, malos manejos de los fondos municipales y, en algunos casos, aventurerismo en la gestión municipal.
Las expectativas y los desengaños
Existes grandes expectativas y esperanzas que los graves problemas por los que atraviesa nuestro municipio cajamarquino, por lo menos, puedan ser afrontados con criterios objetivos, técnicos y viables; no obstante, las limitaciones de recursos presupuestales de los gobiernos locales, siempre insuficientes y por los efectos adversos de las crisis que agobian a nuestro país, de las cuales nos estamos exentos. No obstante, así como van las cosas, van empezando también los grandes desengaños.
El crítico y deficiente transporte urbano
Uno de los graves problemas que experimentamos y pareciera no tener solución es “El transporte, tránsito y vialidad en la capital departamental”, con muchas aristas: vialidad, tránsito, parque automotor, transporte público, terminales terrestres, etc; convertido en un sector caótico y sumamente difícil de regular y controlar.
Una realidad evidente: “El parque automotor, en especial los vehículos menores, en la ciudad de Cajamarca, ha crecido significativa y excesivamente en los últimos años, a tal punto que, las estrechas calles de la estructura urbana tradicional, han colapsado en su capacidad de soporte, originando grandes problemas saturación de vías, de déficit de sectores para estacionamiento; (…)”. En nuestra ciudad, los hechos demuestran que la prioridad no es la persona, sino el vehículo.
Espontaneidad del crecimiento urbano
Sabido es que en la ciudad Cajamarca, venimos experimentando, en las últimas décadas, un significativo proceso de crecimiento poblacional, inducido y acelerado, como consecuencia, entre otros factores, de las expectativas del empleo en el sector minero. Tal fenómeno, ha provocado un intenso movimiento migratorio tanto del interior del departamento como extrarregional; que ha incentivado, asimismo un crecimiento urbano no regulado, totalmente incontrolado; donde la mercantilización de la venta de terrenos, se ha generado mayormente con fines especulativos, con supuestas “habilitaciones” sin los servicios públicos elementales; es decir, sin planificación y control algunos. Un crecimiento urbano que, como es lógico suponer, por las distancias, requiere de equipamiento y transporte urbano para la movilización de la población.
Una temerosa regulación municipal
Trillado está manifestar que, el denominado “Plan de Desarrollo Urbano” y demás planes específicos de acuerdo con el Plan de Acondicionamiento Territorial, que debería de disponer la autoridad local, no ha tenido un rol determinante de regulación, ante la creciente demanda habitacional. Estos planes solo han quedado en eso: solo planes.
Estas falencias, han propiciado un crecimiento totalmente espontáneo, desordenado y anárquico de la ciudad de Cajamarca, que ha colisionado con una estructura urbana tradicional, de origen colonial y republicano, en la que prevalece muchas calles angostas, cuyos diseños se delinearon, mayormente con criterios sociales de uso residencial, sin prever el vertiginoso crecimiento poblacional y del parque automotor.
La espontánea expansión y saturación del casco urbano
En las zonas de expansión urbana de laderas, las construcciones particulares clandestinas -autoconstrucción- en una gran mayoría, han invadido áreas no aptas para vivienda y también para futuras vías.
También ha contribuido al caos las propias gestiones municipales pasadas, propiciando la construcción de vías vehiculares totalmente anti técnicas, dejadas a la improvisación por la ausencia de capacidad y malos manejos administrativos.
Se carece de una visión de futuro, acorde al cambio de funciones y rol de una ciudad en continuo crecimiento y expansión. Las actividades de producción de bienes y servicios, en base principalmente y con énfasis en aquellas conexas a la minería, financieras, comerciales y de servicios, así como mayores exigencias para el comercio mayorista de mercancías de procedencia urbano-industriales, cuyos almacenes y locales, increíblemente, continúan en sectores céntricos de la ciudad, adyacentes a los mercados y mercadillos, haciendo de estos lugares del tráfico un verdadero pandemonio.
Impacto negativo en el tránsito y transporte
Indudablemente que el crecimiento económico, producto del impacto de las actividades mineras, también ha provocado un crecimiento desmesurado del parque automotor. Hay más concesionarios de venta de vehículos automotores, hay más unidades particulares y de transporte público: combis, custer, taxis, mototaxis y otros vehículos menores, que han invadido y saturado la capacidad de soporte de la tradicional trama urbana de la ciudad de Cajamarca, produciendo continuos accidentes de tránsito, con secuelas de muertos y heridos.
Los inadecuados esquemas de circulación vehicular, la mala señalización y semaforización, el pésimo estado de las calzadas o pistas, el ingreso de vehículos pesados en la ciudad capital, la carencia de un verdadero terminal terrestre y otros factores adicionales, vienen determinando: “un endemoniado tránsito y transporte urbano en Cajamarca” en toda la ciudad, de grandes magnitudes, especialmente en el Centro Histórico; así como sectores próximos a los mercados, próximo a los mercados, donde complacientemente circulan, por increíble que parezca, cientos de mototaxis y casi todas las líneas de combis.
La denominada “Vía de Evitamiento” ya no cumple su función, dejó, desde años atrás, de ser una vía rápida, siendo necesaria contar con una vía alternativa, para el tráfico de vehículos pesados, que ahora atraviesan el corazón de la ciudad y cuya invasión, se da sin ningún control por las estrechas calles de la ciudad para la descarga de mercancías a las tiendas mayoristas.
Rutas impuestas por los transportistas
Si bien, años atrás, se han efectuado los “reordenamiento de rutas” para el servicio de transporte urbano e interurbano, impidiendo la circulación en algunas cuadras neurálgicas de José Sabogal y el jirón Junín; no han implicado soluciones integrales, ya que la congestión se ha trasladado a vías aledañas a los mercados: Leguía, Tayabamba, Chanchamayo, 11 de Febrero, Apurímac y Revilla Pérez, entre otras, donde los transeúntes circulan por las pistas, ya que las veredas están tomadas por abusivos comerciantes y en donde se da una lucha sin cuartel por conseguir pasajeros, entre interminables filas de combis, que circulan temerariamente a paso de tortuga por las vías adyacentes a los mercados; pero, de manera violenta y a grandes velocidades en los demás sectores camino a Baños del Inca, Otuzco, Hospital Regional, Jesús, Llacanora y Namora y otros sectores de expansión urbana, poniendo en riesgo la integrad física y vida de los pasajeros.
Ausencia de infraestructura de parqueo
La clamorosa carencia de sectores de estacionamiento vehicular, obliga a los conductores a parquear sus vehículos, en las calles, haciendo caso omiso a las señalizaciones de zonas rígidas, o montar sus unidades sobre la vereda en las calles angostas; así como estacionarse a la izquierda o derecha de la calzada, en calles de un solo sentido.
La situación empeora por el pésimo estado de las pistas llenas de huecos y baches; carentes de una eficiente señalización y semaforización. Aparte de la falta de compromiso real de un verdadero control policial de tránsito, por razones hartamente conocidas.
Una ciclovía destruida antes de su uso
Por increíble que parezca, se efectuaron, supuestamente el acondicionamiento de varias arterias para el tráfico en bicicleta, con señalización vertical y horizontal, prácticamente una “broma de mal gusto”, ya que estos sectores de vía están siempre invadidos por vehículos y los parantes de señalización destruidos o ya no existen.
Imponer el principio de autoridad

El problema es latente y sumamente delicado, dada su complejidad, que debe integrar la solución a los problemas de circulación vehicular, con fluidez, tanto en el casco urbano tradicional o Centro Histórico de la ciudad, como en los sectores periféricos o de expansión y su interrelación interurbana.
¡No se trata de imponer el terror con las papeletas o actas de infracción, sino de ofrecer opciones de adecuada circulación y parqueo para el creciente parque automotor¡ ¿Ojalá nos entiendan en cuenta?
- Hugo REYNA GOICOCHEA




