HOMENAJE A CAJAMARCA POR EL BICENTENARIO DE SU INDEPENDENCIA DE LA MONARQUÍA ESPAÑOLA.
Los primeros días de enero, el Gobernador de Cajamarca Antonio Rodríguez de Mendoza, recibe una circular rubricada por el intendente de Trujillo el Marqués de Torre Tagle, que le incitaba y reconvenía a jurar y proclamar la independencia en su cabecera provincial. El referido gobernador Rodríguez de Mendoza, como disciplinado militar y subalterno, hizo un llamamiento a los vecinos terratenientes y obrajeros en la ciudad del cumbe para que hiciesen lo mismo. Waldemar Espinoza dice que “no se cursó ninguna invitación a don Manuel Soto Astopilco, cacique principal de las 7 huarancas de la provincia, ni a don Manuel Anselmo Carhuaguatay, curaca de la Huaranca de Cajamarca, personajes de notoria distinción en la población rural y aldeana; y tampoco a los dos alcaldes del cabildo de naturales, restablecido a raíz de la abolición de la Constitución de Cádiz en 1814”.
Lo hecho por Antonio Rodríguez de Mendoza, prueba la falta de interés entre los criollos por la población indígena, sin ninguna propuesta para resolver la exclusión en que transcurría esta parte mayoritaria de la población. Por qué será que esta exclusión se mantiene hasta la fecha, siguen los estratos sociales, estos no han desaparecido, más por el contrario parece que han crecido porque el más poderoso o adinerado mira bajo la planta de su zapato al poblador rural peruano, que solo ha cambiado de nombre: de indio, a hermano campesino.
Don Manuel Soto Astopilco vivía en su antigua morada de piedra, entre cuyos compartimentos se encontraba el aposento en el que estuvo cautivo el Inca Atahualpa, más conocido como el Cuarto del Rescate. En el pensamiento de la aristocracia autóctona de Cajamarca, prevalecía la idea del retorno de los soberanos incas, porque la invasión española lejos de ser un cambio favorable, nos trajo desolación, ambición, explotación, dominio y anulación de los saberes incaicos, aparte del disfrute exagerado de los bienes del Perú, sucesos que continúan hasta hoy no solo por España sino por todos los países del primer mundo.
Pero en 1821, ese retorno a la historia incaica apenas constituía una vigorosa quimera que alimentaba la valerosa utopía andina, esperando con paciencia el día de la redención, de la justicia y del orden en el Perú, aspiraciones que se las sostenía con obsesión y certeza, que, como todo pueblo oprimido, pensaba en su emancipación, en el regreso al antiguo estado de cosas, de las cosas perfectas con solo tres leyes. No seas haragán, no seas ladrón, no seas mentiroso. Por eso la incursión de los Astopilco de los Carhuaguatay en la sala del cabildo el día que se acordaba la proclamación de la independencia de Cajamarca. Estas tres leyes en el Perú Contemporáneo son letra muerta, porque los disque conquistadores nos impusieron todo lo contrario. Por el no seas ocioso, campea el no hay trabajo, el bandolerismo y la delincuencia que es el trabajo principal del ocioso. Por el no seas mentiroso, surge la falsedad universal, yo no soy corrupto. Por el no seas ladrón se impone el no importa que robe pero que haga obra.
El historiador Horacio Villanueva Urteaga, se lamenta por no haberse encontrado hasta la fecha el Acta de la Jura de la independencia de Cajamarca, limitándose a suponer que fue el día 7 de Enero de 1821, teniendo como asidero el hallazgo del Acta de la Proclamación de la Independencia del Distrito de San Pablo. En su hipótesis manifiesta que “posiblemente la jura de la independencia de Cajamarca fue el mismo día en todos los pueblos de la Provincia”.
Waldemar Espinoza dice que “esta ceremonia, fue un movimiento eminentemente criollo, con nulos y sin los más opacos indicios de indianidad. Al percatarse de que no recibían ninguna importancia, los líderes indígenas de Cajamarca quedaron desengañados, sin que Astopilco o Carhuaguatay se sintieran animados a tocar públicamente de nuevo la cuestión. Comprendieron que las reformas liberales no eran para ellos”, por eso pocos meses después hubo una rebelión en Porcón. Como una forma de demostrar su descontento, su desilusión.
Dammert Bellido, cita que una vez proclamada la independencia, esta influye en la denominación de los libros de bautizos y matrimonios en las diferentes iglesias de la ciudad, donde se empieza con Cajamarca Independiente, especialmente en la Iglesia Santa Catalina (actual Catedral de Cajamarca), que era la iglesia matriz exclusiva para los Españoles, además, desaparece discretamente el apelativo de españoles que es sustituido por el de raza americana, y después americanos nobles, y siguen las clases sociales, en el último escalón siempre estuvieron los indios. La parroquia de San Antonio, más conocida como iglesia san francisco de Cajamarca, era la iglesia para esta clase social, de los desamparados, de los pobres, de los indios.
Entre los primeros gobernantes republicanos de Cajamarca, figura el comandante Antonio Rodríguez de Mendoza, quien se adhirió a la proclamación de la independencia local incitado por Torre Tagle. A los pocos meses en la gobernación civil y militar del partido de Cajamarca le sucedió, el comandante colombiano don Tomás de Heres. Y a él, el teniente Coronel Andrés de Santa Cruz, que permaneció pocas semanas en nuestra ciudad y ordenó la celebración de un solemne Te Deun el 28 de julio de 1821. José Dammert Bellido toma el comentario de Horacio Villanueva Urteaga quien en su libro Cajamarca, Corregimiento, Partido, Provincia y Departamento, escribe lo siguiente: “En la tradición cajamarquina, esta solemnidad (refiriéndose al 28 de julio), ha quedado como más importante que el pronunciamiento del 8 de enero de 1821, y se ha revestido de lirismo, fantasía y talvez poca historicidad”. Estas últimas palabras tocan fibra en nuestros días. Para ejemplo, esta ceremonia que la masonería cajamarquina lo realizó, no deja de ser lírica pero al menos dieron luz a nuestra historia, cosa que nuestras autoridades locales lo pasaron por alto, porque no lo saben o porque no lo les interesa.
Se ha dicho en esta ceremonia, que en la independencia de los pueblos del norte, ha pasado por el liderazgo, José Bernardo Tagle y Portocarrero, marqués de Torre Tagle, quien delegó funciones para que viaje a Cajamarca al presbítero nacido en Hualgayoc, José María Monzón. Quienes para lograr el cometido de ver su patria libre, se trasformaron en emisarios y soldados, su intervención fue determinante para la Independencia no solo de Cajamarca, sino de todo el Perú, por lo que este evento toma fuerza y vigor que nos dieron otros patriotas nacionales y extranjeros como son: José de San Martín, Simón Bolívar, José de la Riva Agüero, Faustino Sánchez Carrión, Bernardo de Monteagudo, Francisco Javier Mariátegui, Toribio Rodríguez de Mendoza, Francisco Javier de Luna Pizarro, Mariano José de Arce, Bartolomé de la Hera, Hipólito Unanue, Mariano Necochea, Andrés de Santa Cruz entre muchos otros. Honor y Gloria a Cajamarca Independiente.
- David LEZAMA ABANTO




