Nonagenario y referente indiscutible de la comunicación social en nuestra región, fue un incansable impulsor de las actividades editoriales en la ciudad de Cajamarca, promoviendo, desde la década de los años cuarenta, el desarrollo sostenido del periodismo escrito como instrumento de formación, información y conciencia ciudadana.
Ejerció con vocación y entrega la docencia en el prestigioso Colegio San Ramón, labor que supo armonizar con su destacada actividad empresarial en el ámbito de la imprenta gráfica. En ese contexto, dirigió y editó los periódicos Extra y El Cumbe, publicaciones que marcaron época y contribuyeron significativamente a la consolidación de la prensa regional. Fue, asimismo, pionero en la modernización de las artes gráficas en Cajamarca, introduciendo innovaciones como el sistema de logotipo y, posteriormente, la tecnología offset.
Su firme compromiso con la verdad y la libertad de expresión lo llevó a sostener una línea editorial crítica frente al gobierno militar de Velasco, hecho que derivó en la expropiación de su imprenta, en un intento de acallar su voz y la de quienes defendían los valores democráticos.
Desde su tribuna periodística, contribuyó decididamente, junto a otros notables periodistas de su tiempo, a la gestación y creación de la entonces Universidad Nacional Técnica de Cajamarca, en los albores de la década de los años sesenta, atendiendo así una legítima y sentida aspiración del pueblo cajamarquino por acceder a la educación superior.
Incursionó también con solvencia en el periodismo radial, integrando el reconocido panel de Radio Cajamarca en la década de los sesenta, donde participó en el programa “Audio Sucesos”, junto a distinguidos periodistas, fortaleciendo el debate público y la formación de opinión.
De igual modo, destacó por su compromiso con la institucionalidad gremial, impulsando la creación de la Federación de Periodistas del Perú, filial Cajamarca, así como del Colegio de Periodistas de Cajamarca, entidades en las que ejerció responsabilidades directivas con integridad, firmeza y vocación de servicio.
Hoy, este insigne periodista y educador ha partido al encuentro del Creador, dejando en sus familiares, colegas y en la sociedad cajamarquina en su conjunto un profundo pesar, pero también el legado ejemplar de una vida consagrada al servicio del bien común, la verdad y la dignidad profesional.
Su trayectoria constituye un derrotero de ética, compromiso y amor por Cajamarca, que habrá de inspirar a las presentes y futuras generaciones de periodistas y comunicadores sociales.
Que su memoria perdure en el tiempo como testimonio de entrega y nobleza, y que su ejemplo continúe guiando el ejercicio responsable del periodismo bajo el principio que enarboló con otros distinguidos hombres de prensa: “Todo por Cajamarca, nada contra Cajamarca”.
Manuel Silva Aranda: ¡Descansa en paz!
(14.04.26)








