Consejo Departamental Cajamarca

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"Todo por Cajamarca, Nada Contra Cajamarca"

El futuro no espera, y la educación tampoco debería hacerlo

Escribe: Frids Gonzales Rimachi, Subdirector académico de la I.E.P.C San Andrés
En un mundo donde la tecnología redefine las fronteras del conocimiento, la Inteligencia Artificial (IA) se ha convertido en el motor de transformación de todos los sectores, incluido el educativo.

Sin embargo, en el Perú, su incorporación en el sistema escolar sigue siendo incipiente y fragmentada. Basta con recordar que, durante la pandemia del COVID-19, fuimos uno de los últimos países de la región en adecuar los procesos para volver  la presencialidad teniendo en cuenta que las medidas del gobierno de turno eran insuficientes para satisfacer a toda la población estudiantil del país y que esto mismo ha dejado forados cognitivos y académicos que afectan a toda una generación. En este contexto,  ¿Podemos darnos el lujo de esperar mientras otros países ya forman a sus estudiantes en competencias digitales avanzadas?

La creación de una asignatura llamada “Inteligencia Artificial” no es un capricho futurista, ni una moda, sino una urgente necesidad. Esta materia permitiría que los estudiantes comprendan desde temprana edad cómo funciona la IA, sus aplicaciones y, sobre todo, su impacto ético y social. En países como China o Estados Unidos, ya existen programas escolares que enseñan a los niños a programar, analizar datos y desarrollar pensamiento crítico frente a algoritmos. Mientras tanto, en Perú, gran parte de nuestras escuelas todavía luchan con el acceso a internet y la alfabetización digital básica.

En necesario mencionar que en torno a este tema, iniciativas recientes del Ministerio de Educación (Minedu) evidencian un avance en la capacitación docente: más de 87 000 profesores inscritos en 2025 en el curso “Inteligencia Artificial en la práctica docente” y en 2024 se capacitó a más de 20 000 docentes en tecnologías de información e IA. Sin embargo, aún no existe una asignatura formal y sistemática de IA en el Currículo Nacional de Educación Básica. Y por supuesto, el desafío no es menor. Involucra capacitar a los docentes, actualizar los currículos y garantizar infraestructura tecnológica, especialmente en zonas rurales. Pero, ¿acaso no enfrentamos retos similares cuando se introdujeron materias como informática o inglés en el pasado? Hoy, la IA no solo es una herramienta, sino una lengua que los ciudadanos del siglo XXI deben aprender a “hablar” para no quedar relegados.

Imaginemos que en 2030 el Perú cuente con una asignatura de IA integrada en secundaria técnica, con trincheras en aulas rurales y urbanas, y con estudiantes capaces de prototipar soluciones usando IA para problemáticas locales: agricultura sostenible, gestión de desastres, gestión pública, etc. Docentes preparados, ética digital firme y acceso equitativo, todo ello habilitando ciudadanos capacitados para liderar la transformación social. Sin duda, incluir esta asignatura significaría apostar por una educación que forme protagonistas del cambio y no meros consumidores de tecnología. El Perú no puede seguir siendo espectador. Urge una política educativa que abrace la innovación, fomente la investigación y reduzca las brechas digitales.

¿Queremos jóvenes que usen la IA sin entenderla o ciudadanos capaces de crear soluciones con ella? El futuro no espera, y la educación tampoco debería hacerlo.

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