La pandemia, que apareció a fines del año pasado y en lo que va del año, ha puesto al descubierto una serie de falencias en los denominados sistemas de salud, que en una gran mayoría de países, hizo tambalear las acciones de respuesta frente a los contagios y muertes masivas de la población, en tanto este sector, prácticamente no tuvieron la real importancia para su organización y fortalecimiento, por parte de sus gobiernos de turno, existiendo graves brechas de contar con personal médico, asistencial, administrativo, equipamiento e infraestructura. En tales circunstancias, y ante tan sorpresiva enfermedad, de transmisión masiva, sumamente vertiginosa, se ha originado el colapso de los hospitales para el tratamiento de pacientes que requerían de cuidados intensivos, produciéndose miles de muertes, ante las serias limitaciones de los servicios médicos de salud. Antes esta cruda y crítica situación de crisis sanitaria, los gobiernos tuvieron que asumir acciones de emergencia de inmovilización de la población a través de cuarentenas y otras acciones restrictivas; que como eran de esperar, han tenido un impacto sumamente negativo en las economías nacionales, al haberse paralizado por varios meses la producción de bienes y servicios en muchos rubros, originándose cierre de empresas y la pérdida de millones de puestos de trabajo; situación que va a ser muy difícil de superar en el plazo inmediato y mediato según estiman los expertos en campo económico.
La deficitaria oferta de oxígeno
Ante tan crítica situación de crisis sanitaria al que no hemos estado ajenos en el país y tampoco en nuestro medio, a medida que se iba propagando el mortal virus, muchos de los hospitales denominados COVID por el gobierno nacional, comenzaron a colapsar, ante un incremento cada vez más creciente de contagiados y muertos. El timbrazo se dio inicialmente en Loreto, Piura, Lambayeque, La Libertad y Lima, en cuyas capitales departamentales, por la alta concentración poblacional, se produjeron masivos contagios y alta demanda de hospitalizaciones para cuidados intensivos, que excedieron, como se comprenderá, la capacidad de atención, originándose una significativa mortandad. Hasta el momento, el Ministerio de Salud, no puede disponer de datos reales por la inadecuada recolección y omisión de información. Se estiman decesos mayores a los 50 mil casos, totalmente contraria a las cifras oficiales que registran, por el momento, menos de 30 mil muertos.
De lo que sí hay plena seguridad es que, uno de los factores de esta alta mortalidad, se debe a las limitaciones para la atención de casos en las unidades de cuidados intensivos UCI, especialmente con los denominados respiradores mecánicos y la falta de oxígeno medicinal, de uso indispensable en esta situación. Como se ha logrado reconocer, muchísimas personas han fallecido por la falta de atención de oxígeno en los hospitales y otros en sus domicilios, ante el déficit de producción de la plantas procesadoras ubicadas, generalmente en ciudades de la costa y una que otra en las demás regiones; así como de los altos costos de los balones y recargas de los mismos, que los grandes grupos poblaciones no están en condiciones de pagar. Esta crítica situación ha obligado al gobierno nacional a comprar oxígeno en el exterior, promoviéndose asimismo, con el apoyo del sector privado, la instalación de nuevas plantas en diversos lugares del país. Según información del Ministerio de Salud, se conoce que este implementará 65 plantas de oxígeno medicinal en establecimientos de salud de todo el país que producirán, en forma conjunta, un aproximado de 43 toneladas adicionales al día, priorizándose a aquellos hospitales y centros donde se ha detectado una mayor demanda.
La necesidad impostergable del oxígeno medicinal
Lo descrito anteriormente, y la imperiosa necesidad de contar con el oxígeno, para la atención de pacientes críticos hospitalizados y en cuarentena en sus domicilios, a fin de frenar la ola de muertes por su carencia; ha determinado que en varios lugares del país, sean las autoridades regionales y locales, con el apoyo económico de las empresas privadas, las que a través de diversos mecanismos de recaudación, en algunos casos mediante colectas públicas, hayan logrado los fondos necesarios para la adquisición e instalación de plantas de producción a instalarse en lugares acondicionados en los establecimientos de salud disponibles. Casos destacables son los de Bambamarca, Cutervo, Jaén, Celendín y aún en algunos distritos en nuestro departamento.
La especulación con el oxígeno
Como no podría ser de otra manera, en nuestro país y de manera particular, en nuestro medio, ante la falencia o escasez de oxígeno, para socorrer con este tipo de elemento vital a los afectados en estado crítico, y la alta demanda para pacientes en cuarentena en sus viviendas; se ha dado pase al avispado aprovechamiento de productores y proveedores, desarrollando abusivamente acciones especulativas. En la ciudad por ejemplo un balón de oxígeno de 10m3 cuesta más de 5 mil soles, y el precio del m3 pasó de S/ 12.00 a S/ 20.00 o más según se lo consiga a través de revendedores o de aquellos que han visto un negocio redondo el alquiler de este tipo de equipos a costo mayores a los S/ 80.00 diarios que la gran mayoría de familias afectadas, no está en la capacidad de pagar, sino a costa de grandes sacrificios y endeudamientos a futuro.
La solidaridad en Cajamarca Respira
Si bien desde hace unos días atrás se cuenta con una planta de oxígeno medicinal, donada por una empresa minera, en el Hospital Regional de Cajamarca, esta es para uso de los pacientes hospitalizados y apoyo a los establecimientos de las redes de salud, próximos a Cajamarca. No es una solución integral a la escasez del oxígeno medicinal.
No obstante, la cruda realidad nos muestra a diario inmensas colas de personas que pugnan, en las afueras de una planta productora de oxígeno en la ciudad y en otros lugares de distribución y ventas, para comprar y recargar este producto convertido en vital apoyo y de necesidad impostergable para sus familiares enfermos y que cumplen cuarentena en sus domicilios.
Al respecto, aún no sabemos, si el colectivo “Cajamarca Respira”, logró la meta de recaudar los 2 millones de soles para la adquisición de una planta móvil de producción de oxígeno, con fines de apoyo social, a las personas afectadas por la pandemia que requieren de este tipo de asistencia; pero lo que sí debemos destacar son las importantes muestras de solidaridad en el cierre del evento el pasado sábado, en los puntos de recaudación en las iglesias la Catedral, La Recoleta y Guadalupe; donde destacó la presencia de los sacerdotes católicos y la hermandad con representantes de la iglesia Evangélica Presbiteriana, esta última efectuando un importante donativo, producto de la colecta de sus fieles; así como el aporte de muchas personas anónimas, pequeños comerciantes y representantes de organizaciones públicas y privadas, niños y jóvenes que donaban juguetes y otros productos para su subasta.
Llama sí, poderosamente la atención, la visible ausencia de las grandes empresas del sector minero, agropecuario y comercial-los mall o cadenas de grandes tiendas comerciales- de telecomunicación, transportes así como las entidades financieras bancarias y cajas de ahorro y crédito, que han encontrado en la ciudad un importante mercado con fines lucrativos. Una triste realidad e indiferencia social, seguramente porque en este tipo de acciones no existen para ellos beneficios inmediatos. ¡Una verdadera lástima! que nos muestra, no obstante, las dos caras de la moneda: ¡la solidaridad y la indiferencia sociales!
Pintor Víctor Amado donó dos hermosos lienzos para su subasta en la campaña: Cajamarca Respira.
- Hugo REYNA GOICOCHEA
- La República







