En estas sencillas reflexiones quisiera abordar algunas consideraciones, producto de la situación del aislamiento social y el confinamiento, que hemos vivido y lo seguimos haciendo, en nuestros hogares, no se sabe hasta cuándo, en tanto prosigan las medidas de contención a los que estamos sometidos, en el afán de afrontar y mitigar los efectos letales de la pandemia del Coronavirus.
El saber popular
Producto de la interrelación social, y la convivencia, en la práctica de acciones culturales propias, existen los denominados refranes, dichos o máximas, procedentes del saber popular que buscan promover la reflexión, transmitir una enseñanza o simplemente servir de ejemplo.
En esta coyuntura de aislamiento y distanciamiento social al que estamos sometidos, hago alusión a uno de ellos: “No hay mal que por bien no venga”, cuyo mensaje se orienta a animar a afrontar lo malo, con cierto entusiasmo u optimismo. Tratar de lograr algo positivo de las adversidades en las que vivimos o también obtener cosas favorables de aquellas contrariedades circunstanciales que nos tocan confrontar.
En el mundo y en nuestro país en particular, los gobiernos decretaron estados de emergencias sanitarias y de aislamiento social; así como severas medidas restrictivas de movilización de la sociedad. En nuestro caso, se ha salido recientemente, a partir del 1 de julio de la denominada cuarentena general, para dar paso a cuarentenas focalizadas en determinados departamentos; permitiéndose nuevamente el desarrollo de fases de reactivación económica y libertad de tránsito y circulación de la población confinada por más de tres meses en sus hogares.El impacto de la pandemia en la cohesión familiar
Cabe indicar, a manera de reflexión que según las concepciones sociales tradicionales la familia y el hogar constituyen, por esencia, la base de la sociedad y el primer centro de formación de los hijos. No obstante, las exigencias de la dinámica social y económica, fundamentalmente, han tenidos fuertes impactos en la constitución de la familia nuclear tradicional. Hoy existe un número significativo de familias monoparentales, es decir con la presencia de uno solo de los progenitores, siendo en su mayoría la madre. La mujer en su nuevo rol, también viene ingresando en mayor frecuencia a las actividades económico – productivas, desarrollando un doble rol, con las tareas domésticas; situación que determina, en muchos casos, prácticamente ausencia de los padres en la conducción de la crianza y educación de los hijos, con las consecuencias negativas, hartamente conocidas: rebeldía juvenil, tempranos embarazos, deserción escolar, drogadicción y delincuencia juvenil, entre otros aspectos que vienen afectando la estabilidad familiar.
El reencuentro positivo
No obstante retomando el dicho que “no hay mal que por bien no venga”, este largo periodo de confinamiento ha permitido un reencuentro de los miembros de las familias. La obligada presencia de los padres en los hogares, en muchos de los casos, ha permitido generar importantes espacios para el reencuentro familiar; esto es el redescubrir a los miembros de la familia, interrelacionarse con ellos y lograr afianzar los lazos afectivos, fuertemente trastocados por las apremiantes rutinas diarias y la vorágines de la vida moderna, especialmente en las grandes urbes.
Como se ha podido comprobar, este aislamiento, ha significado el redescubrir la personalidad, el temperamento y el carácter de los miembros de familia; sus necesidades de acogimiento, el intercambio y conocimiento de sus problemas e inquietudes y la posibilidad de un mayor estrechamiento de los vínculos afectivos, lo cual, consideramos es muy positivo; en tanto, los hogares, como lo han reconocido los estudiosos de familia, se estaban convirtiendo en “establecimientos de hospedaje”.
El desencuentro negativo
Pero no todo es positivo, también el confinamiento ha sido motivo de desencuentros familiares, de falta de tolerancia y conflicto permanente entre sus miembros, reitero en muchos casos también ha desencadenado crisis matrimoniales. Así lo informan los medios de comunicación de todo el mundo. Se prevé que estos desencuentros por la mayor permanencia en los hogares y la generación permanente de falta de tolerancia han agudizado las contradicciones internas, originaron que los padres y también otros integrantes de la familia, hayan exacerbado sus conflictos, generándose situaciones de aislamiento y marginación interna en los hogares. Se estima que estas delicadas situaciones, desencadenarán muchos divorcios y resquebrajamientos de las relaciones sentimentales entre los padres y también entre los miembros de la familia; es decir, el aspecto negativo de la otra cara de la moneda.
- Hugo REYNA GOICOCHEA
- hoy.es



