La actitud y precisiones del parlamentario, fueron totalmente displicentes y alejadas de toda ponderación política, indigna de un padre de la Patria.
Parecemos cavernícolas, no hemos aprendido a respetar. No existe criterio ni decencia, mucho menos sentido común.
Se habla desparramando veneno y ofendiendo a las personas. Hasta cuándo señores congresistas.
El señor Chehade, no es una “santa paloma” , conoce la direccionalidad de sus afirmaciones. Y no tan sólo arremete contra los titulares del sector, también lo hace contra el Presidente de la República, diciéndole que no se meta con el Congreso, desafiándolo abiertamente, sin ningún tipo de escrúpulo, ni contemplación.
Esta precipitación extremada deja mucho que desear, él ha confundido su condición de presidente de Comisión, con la de titular del Congreso. Además, sus actos son una clara señal de enfrentar a los poderes del Estado. Situación preestablecida para romper el diálogo político o fomentar la discordia. Inclusive, sus comentarios no han sido, objeto de aclaración ni corroboración alguna del señor Manuel Merino de Lama, presidente del Poder Legislativo.
Casi siempre, somos buenos para criticar y menospreciar. Ofender y estropear con mucha facilidad el profesionalismo y la autoestima personal.
Cómo se puede maltratar a los ministros que han trabajado intensamente durante la Cuarentena, que han asumido el riesgo de su salud y la de su familia. Cómo el caso del doctor Ugarte, que enfermó gravemente por brindar ayuda a los enfermos de la pandemia.
Ellos, se identificaron con su esfuerzo y trabajo al servicio de la Patria. Que yo sepa son humanos no extraterrestres.
Se desplazaron a las zonas de riesgos y contagios, y se enfrentaron a las limitaciones propias de nuestro país. Pudieron, fácilmente, ser víctimas fatales.
Yo me pregunto, qué hacían los congresistas, qué hacía el señor Chehade. Aparte de no hacer nada.
Antes de abrir la boca y lanzar escupitajos, hay que pensar, hay que analizar, y ponerse en los zapatos de otros.
Es muy fácil ocultarse y mirar desde adentro las desgracias; aún cuando la Cuarentena era la única salida.
Vivieron el castigo de la pandemia con sueldo y beneficios.
Entonces, cuál es la calidad moral, de quienes critican o intentan evaluar , el trabajo político de uno u otro sector del Estado, si ellos fueron mudos espectadores, con haberes pagados por los contribuyentes.
Una cosa es ser “palomilla de ventana” otra cuando “la cancha quema” y donde ser sordo, mudo y ciego, son los estilos.
No hagamos politiquería barata. No demos malos ejemplos. Tratemos a las personas como personas, no con la punta del pie. Los cargos y el poder son efímeros. No dejemos que los indicios de censura nublen nuestra razón. Hay que reconocer, ante todo. la entrega y dedicación, por encima de la soberbia política. Hay que ser pulcros y decentes. Nunca practiquemos la política barata y mezquina. Además, no olvidemos, que las “las perlas siempre brillan”, y al final todo se sabe.
- Carlos FERNANDEZ OROZCO - Pas Decano del Colegio de Periodistas del Perú
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