Pese a las medidas tomadas de aislamiento social, la pandemia del Coronavirus, viene originando consecuencias desastrosas en la salud pública y en la economía nacional. A la fecha tenemos cerca de 250 mil contagiados y nos aproximamos a registrar las 8 mil personas fallecidas.Efectos letales del Coronavirus en los adultos mayores
Esta triste y crítica situación por la que viene atravesando la población mundial y nuestro país en particular, nos muestra una cruda realidad. Los datos oficiales sobre personas fallecidas en lo que va de la pandemia, muestran que alrededor del 70% de personas fallecidas han sido adultos mayores, es decir, de más de 60 años de edad; y, por increíble que parezca, también un 70% corresponden al sexo masculino.
Si bien no tenemos datos exactos de cuántos de estos fallecidos han sido padres; es de suponer, que su número, también es significativos, de tal manera que muchos hogares en el país, el día de mañana será de triste recordación, por la muerte de sus progenitores, producto de esta letal pandemia.
Cultura machista de los peruanos
No obstante, las cruciales circunstancias por las que atravesamos, es importante precisar que la celebración del “Día del Padre”, tiene otro tipo de connotaciones, diferentes al “Día de la Madre”. Indudablemente que la existencia de una cultura machista, aun imperante en nuestra sociedad, hace de nosotros, los varones, aparentemente, seres “duros”, difíciles de doblegar y expresar sentimientos de amor hacia nuestros progenitores, al contrario de lo que se prodiga a las madres.
El varón, nos formaron: ¡no llora!, es “macho”, hace trabajos rudos, es fuerte y aguanta todo, entre otras expresiones cotidianas, en función, lógicamente de roles sociales definidos, demasiados arraigados en sociedades como la nuestra.
Represión sentimental
Este tipo de interrelación social, como que nos amolda a una conducta pre juiciosa de aparente superioridad, en la vorágine de la vida moderna, que desencadena en actitudes y comportamientos, que pese a que se reconoce -en una perspectiva de igualdad de sexos entre varón y mujer- como que nos reprime en el apego y la expresión sentimental hacia nuestros progenitores.
El amor a la madre en época de pandemia
No hace muchos días, celebrábamos, con especial algarabía y muestras de todo tipo, el “Día de la Madre”; esmerándonos en reconocer sus destacadas virtudes de amor y la delicadeza de su función maternal. Las reuniones y festejos, sin embargo tuvieron una nueva connotación: la interrelación digital a través de los medios telemáticos. Las empresas privadas, pugnaron no obstante por el engreimiento y deferencia, hacia la autora de nuestros días, con regalos de todo tipo, pero con el uso de las tecnologías de la información y comunicación a través de las compras online y entrega vía delivery. Las campañas promocionales, como es de suponer, enfiló sus baterías a través de los medios de comunicación social y las denominadas redes sociales. Total estas fechas son para la compra de regalos, para aplacar conciencias.
El amor al padre
Análoga situación, pero con menor intensidad, hemos estado viviendo estos días previos al tercer domingo de junio, fecha establecida para el formal homenaje a nuestro progenitor, por el “Día del padre”; aunque como he manifestado, con menos sutilezas que hacia nuestras madres, justamente por las concepciones machistas que nos impone la mencionada cultura machista aun imperante en nuestra sociedad.
Este especial día, también nos muestra una cruda realidad, la marginalidad y abandono, en muchos casos, hacia los padres, cuando estos ingresan a la etapa de la senectud, es decir al ocaso de la vida, cuando ya las fuerzas los han abandonado y en lugar de tener una vejez feliz, pródiga de amor y cariño de los hijos, mas bien son marginados, por constituir una pesada carga, de la cual es necesario, desembarazarse lo antes posible.
Conmovedora historia
Cuenta una historia, que cierto hijo, recogió a su padre anciano, para que viviera en su casa sus últimos días. La nuera, como era de esperarse, recibió con desagrado la responsabilidad de cuidar al anciano. La pérdida de las facultades físicas del pobre anciano, hacían que este desparrame la comida y rompiera la vajilla a la hora de comer; motivo por el cual, por tales torpezas, fue confinado a una mesa aparte en la cocina y al uso de toscos platos y cubiertos irrompibles; sumiéndolo en una triste soledad.
Se dice, que de tan excluyente situación, fue testigo, el inocente nieto de solo cuatro años de edad. Pasaron los días, y una de esas tardes, al volver los esposos a casa, encontraron al pequeño, sumamente atareado, provisto de una navaja, tratando de dar forma a un pedazo de madera. Intrigado el padre inquirió al retoño por tan intenso afán, recibiendo como respuesta: “…estoy haciendo unos platos para alimentarlos, cuando sean viejos…”.
Es un buen tipo mi viejo…
Así es, así somos de inconformes e irracionales los seres humanos. Sin embargo, en los profundo de nuestro ser, sí que abrigamos fuertes sentimientos de amor y cariño, aunque en la mayoría de casos, sean muy difíciles de expresar espontáneamente. Un sincero abrazo, un beso cariñoso, unas palabras de amor, como que se contienen y chocan con las barreras de los tan arraigados prejuicios sociales; aunque en nuestro interior, las fuerzas más íntimas de nuestro ser buscaran su estallido inminente.
Tal como lo dice Nicomedes Santa Cruz, respecto al día de la Madre; “…marcar un día del año para querer a la madre..”, vergüenza debiera darnos; lo cual también es análogo al reconocimiento de nuestros padres. Así es y así será por mucho tiempo; no obstante, no nos queda mas que dar gracias a Dios por el don de la vida, a través de nuestros padres, aunque muchos de ellos lo sean simplemente por accidente, o a pesar que las inconveniencias ellos mismos hayan marcado hondos distanciamientos con sus propios hijos.
En este tercer domingo de junio, mi profundo amor y reconocimiento de hijo: “Yo soy tu sangre mi viejo, soy tu silencio y tu tiempo…”. ¡Feliz día! a todos los padres del mundo.
- Hugo REYNA GOICOCHEA
- Andina



